Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tan sólo contaba hasta diez
pues la argucia de tu mente
pareciera vil serpiente
anudando en torniquete
hueso, pálpito y piel.
Que la libertad del verso
de la almena huye astillado
si a sincopar el vuelo
de su corazón partisano
pretendieras hacer siervo.
Así que arrojo las cadenas
y melifluo dejo el canto
sin acústico eco que falsea
el sentir que desintegrado
nace muerto si se pliega.
Mas a veces, yo sucumbo
y atornillo fuerte el trazo
batiendo sus alas, calculo
la medida y el peso del llanto
que al soneto hagan rotundo.
Hoy sin embargo, le dejo
que descalzo por la arena
orille su aliento a mi pecho
y así seré por fin sirena
en mar de un poema eterno.
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