Extiende tus manos y corta mis venas
sin dudas ni calmas, golpea con todo.
Me pesan las almas que claman en lodo
con cantos insanos de antiguas cadenas.
El filo de acero condena al rearme
llenando mi mente de viejos clamores.
Me siento tangente de tantos amores...
mi sable certero ya nada va a darme.
Condena de esclavos reporta mi historia,
bendito mi infierno, maldita pelea.
Se quema el cuaderno de nuestra polea
sacando los clavos... ¡Maldita mi gloria!
Pedazo incongruente de verso y flagelo
que ciega mis ojos con mano insegura,
dejando rastrojos sin genio o figura
por ser penitente caído del cielo.
Jirones de pieles cuelgan por mis flancos
raídos por suerte de tantos chicotes.
Acaso la muerte de algunos Quijotes
redunde en las mieles de negros y blancos.
Última edición: