Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Son las estrellas agujeros
que con punzones de llanto,
en el telón oscuro del cielo,
los ángeles caídos rasgaron.
Desde el otro lado del velo,
juguetean los querubines
vírgenes de tristeza, ajenos
tocan el arpa en los jardines.
Ungidos en rosas celestiales,
al aroma de inocente risa,
no enturbia la brea sus mares
ni besarles la pena codicia.
En la mirilla oculta de la luna
antes de amanecer se asoman,
regalando un par de plumas
al lienzo nocturno que jalonan.
Descienden en vaivén liviano
y se cuelan por mi ventana,
dormida escucho su eco arcano,
susurro armónico en el alma.
Y así, se tejen nuestros versos
al desmayarse el pestañeo
entre los cálamos del recuerdo
de aquel Edén, que fue destierro.
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