Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Todo irremediablemente pasa y se aleja.
Sucede entre los desolados jardines y la noche,
en las voces que se llevaron los viejos,
en los ojos baldíos un candil que se evapora.
Sucede en los paisajes de un cuadro,
entre fantasmas y sapos
sobre el vestuario de un ocaso indigente.
Luego, la delgada línea de la infancia
sucede y se detiene un momento
para verme desnudo frente al mundo
con un manual de paisajes subterráneos.
Sucede en el aroma único que atravesó la frente
en las trincheras vencidas de la noche etérea,
en el ardor del que magulla,
sucede entre las brisas vegetales
que vuelan otras órbitas, otros techos,
otros silencios de baldosas
otra música que inmortalizó su aliento
primitivo en bocas de eucaliptos, de azoteas dormidas,
de edades absolutas en jardines de piedra.
Sucede. Y quién pudiera, quién pudiera detenerte
aún en la extenuación, en la reconstrucción del dogma,
barro sobre barro al calor de una promesa,
aquella que se ondea en las agujas del insomnio
en su febril entrega pero,
todo irremediablemente pasa,
pasa y se detiene a veces.
Sucede entre los desolados jardines y la noche,
en las voces que se llevaron los viejos,
en los ojos baldíos un candil que se evapora.
Sucede en los paisajes de un cuadro,
entre fantasmas y sapos
sobre el vestuario de un ocaso indigente.
Luego, la delgada línea de la infancia
sucede y se detiene un momento
para verme desnudo frente al mundo
con un manual de paisajes subterráneos.
Sucede en el aroma único que atravesó la frente
en las trincheras vencidas de la noche etérea,
en el ardor del que magulla,
sucede entre las brisas vegetales
que vuelan otras órbitas, otros techos,
otros silencios de baldosas
otra música que inmortalizó su aliento
primitivo en bocas de eucaliptos, de azoteas dormidas,
de edades absolutas en jardines de piedra.
Sucede. Y quién pudiera, quién pudiera detenerte
aún en la extenuación, en la reconstrucción del dogma,
barro sobre barro al calor de una promesa,
aquella que se ondea en las agujas del insomnio
en su febril entrega pero,
todo irremediablemente pasa,
pasa y se detiene a veces.
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