Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay días que sin saber muy bien por qué, sientes en el pecho un vacío que no puedes explicar. Nada diferente ha ocurrido, todo continúa inmutable, invariablemente estático, menos por ese nudo invisible aunque certero, que se va apretando con cada respiración en el punto indefinido donde cohabitan tu alma y tu corazón. Has traspasado las mismas puertas, transitado por los mismos caminos… y entonces te preguntas, ¿qué pasó en mis sueños? acaso anoche la luna, ¿no vertió sus rayos en mi alcoba? Desperté igualmente sola, salvo por tu recuerdo que siempre me acompaña desde hace días o quizás fue desde siempre, sólo que ahora tiene tus ojos, tu boca, tu voz, tu nombre…
El aire todavía lleva tu aroma, los espejos aún refractan tus colores como caleidoscopios juguetones, compendiando el arco iris de tu mirada, y yo intento pulir mis carbones con el fuego de tu sombra, por si logro brillar y que esa luz, llegue allí donde te encuentres para que no me olvides, para poder seguir existiendo...
Cuando cae la noche, cuelgo de la lucerna del universo algunos besos, los coso con sedales de plegarias a las estrellas que agujerean el cielo, aprieto fuerte las pestañas para encerrar el llanto y me asomo a la mirilla del ensueño. Imagino que los luceros cabalgan todas las distancias y te susurran cuanto te pienso. Espero tras la ventana, por si me traen tu aliento de regreso pero no consigo escucharte. Hace días que sólo me devuelven silencio.
Es entonces cuando los fantasmas de otros tiempos, se sientan a mi mesa y se reparten en porciones mis miedos, angustias y tristezas rancias. Desando los espacios conquistados, retorno a los desvanes polvorientos, repaso las fotografías amarillas del álbum de los fracasos y me ovillo en el rincón del imposible…imposible cambiar, imposible amar, imposible que me amen…La fusta sigue en el mismo lugar preferente, en la vitrina de los trofeos a la autocompasión donde tanto te gusta recrearte, con sus cristales blindados a cualquier sonrisa y la cerradura vetada a toda esperanza.
¡Te añoro tanto! Extraño tu mano pulsando mi latido, tu abrazo amurallando mi melancolía, tus ojos trenzados a los míos, tus dedos peinando mis suspiros… Echo a faltar tus letras en rojo al final de mis palabras negras, la música del silencio que no ahoga, el eco de un requiebro repetido que nunca cansa y siempre suena distinto…Tu equilibrio. Tu abrigo. Porque tú eres el centro de mis extremos y sin ti, siento que mi brújula enloquece, que los polos saltaron por los aires convirtiéndose en vapor de quimera. Sé que los anclajes debiera encontrarlos en mí misma, que es injusto amarrar la cáscara de nuez a la calma de tus mares pero….
Hay días que sin saber muy bien por qué, pocas cosas parecen tener sentido…
El aire todavía lleva tu aroma, los espejos aún refractan tus colores como caleidoscopios juguetones, compendiando el arco iris de tu mirada, y yo intento pulir mis carbones con el fuego de tu sombra, por si logro brillar y que esa luz, llegue allí donde te encuentres para que no me olvides, para poder seguir existiendo...
Cuando cae la noche, cuelgo de la lucerna del universo algunos besos, los coso con sedales de plegarias a las estrellas que agujerean el cielo, aprieto fuerte las pestañas para encerrar el llanto y me asomo a la mirilla del ensueño. Imagino que los luceros cabalgan todas las distancias y te susurran cuanto te pienso. Espero tras la ventana, por si me traen tu aliento de regreso pero no consigo escucharte. Hace días que sólo me devuelven silencio.
Es entonces cuando los fantasmas de otros tiempos, se sientan a mi mesa y se reparten en porciones mis miedos, angustias y tristezas rancias. Desando los espacios conquistados, retorno a los desvanes polvorientos, repaso las fotografías amarillas del álbum de los fracasos y me ovillo en el rincón del imposible…imposible cambiar, imposible amar, imposible que me amen…La fusta sigue en el mismo lugar preferente, en la vitrina de los trofeos a la autocompasión donde tanto te gusta recrearte, con sus cristales blindados a cualquier sonrisa y la cerradura vetada a toda esperanza.
¡Te añoro tanto! Extraño tu mano pulsando mi latido, tu abrazo amurallando mi melancolía, tus ojos trenzados a los míos, tus dedos peinando mis suspiros… Echo a faltar tus letras en rojo al final de mis palabras negras, la música del silencio que no ahoga, el eco de un requiebro repetido que nunca cansa y siempre suena distinto…Tu equilibrio. Tu abrigo. Porque tú eres el centro de mis extremos y sin ti, siento que mi brújula enloquece, que los polos saltaron por los aires convirtiéndose en vapor de quimera. Sé que los anclajes debiera encontrarlos en mí misma, que es injusto amarrar la cáscara de nuez a la calma de tus mares pero….
Hay días que sin saber muy bien por qué, pocas cosas parecen tener sentido…