Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se apaga el cascabel de su latido
envuelto en un oscuro celofán,
en plástico oxidado su alarido
se esconde en el cubil de algún desván.
Telarañas cubriéndole de olvido
dejaron sin timón, sin capitán,
al balandro que antaño fue mecido
en ola enamorada de un donjuán.
En promesas de amor quedó esculpido
el falso sentimiento del galán,
palabras regaladas a un oído
que atrajeron sus pulsos como imán.
Pero fue de mentiras revestido
el querer que juraba ese truhán
y a su pecho dejó tan malherido
que nunca se rehizo del desmán.
Y busca la razón del sin sentido
preguntándole al ángel holgazán,
por qué con tanto infundio se ha imbuido
aquél que dijo ser su fiel Adán.
Silencios le devuelve distraído,
revisando sus flechas con afán,
pues suele dar de lleno el cruel Cupido
al alma que perdió su talismán.
Que no porque dejara así tu nido
el vuelo del que fuera gavilán,
la paloma enmudece de silbido...
¡Escucha cómo ruge tu volcán!
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