Por el hecho de aprender a escribir poesía,
yo podría decirle sin rumbo cuanto le quise,
y me callaré de las promesas lejos de la vida,
desde mi pecho encendido, empiezo a escribirle.
Ya no sé escribir poemas y desde entonces he muerto,
pero la libertad se adentró de mi débil corazón,
es hermosísimo este sentimiento que llevo dentro,
porque le das vida a lo sembrado, porque me matas de pasión.
Y el deseo podría esperar hasta que me aleje de vos,
dada que la espera ya está envejeciendo mi alma,
la lluvia cae sobre los cristales, al apropiarse de una flor,
de color blanca es la rosa, cuando derrama su savia en la nada.
Y callarme tantas cosas no podría, si el tiempo pereciera sensible,
cuando el tallo de las rosas de mi jardín quedaron exhaustos,
y si detrás de la ventana, me pudieses escuchar al escribirte,
que ya no sé escribir poemas, que sabes que nunca te he engañado.