lluvia de enero
Simplemente mujer
....El aire frío de la gris mañana golpeó su rostro, respiró profundo como le hacía falta, necesitaba de alguna manera airear su tristeza. Cruzó la avenida a paso acelerado para alcanzar el bus, que había detenido su marcha respetando el semáforo. Extrañamente para ese horario, el bus estaba casi vacío y pudo acomodarse en un asiento al lado de la ventanilla; el viaje era largo. Siguió, mirando sin ver, absorta en sus pensamientos.
........Quiso creer que no había entendido bien y envió un mensaje preguntando, la respuesta fue rotunda: “SÍ”. En primera instancia su rebeldía natural hizo que se sienta censurada, con esa respuesta, de alguna manera, perdía la libertad de expresarse; luego comprendió que era mucho más que eso, ese “sí” cerraba una importante puerta de diálogo, otra puerta cerrada que limitaba aún más lo poco que podían compartir.
....A medida que el viaje trascurría sus pensamientos se aceleraban. Claramente eso no era lo que ella quería pero lo había aceptado sumisa… como entonces. Se sintió tan poca cosa, tan poco importante, tan innecesaria, tan sola y tan molesta consigo misma. Era evidente que nada importaba lo que ella pensaba, lo que ella sentía o necesitaba; las reglas eran claras y las ponía él. Más de lo mismo, más de aquello a lo que supo estar acostumbrada y que absurdamente creyó haber dejado atrás. ¿Acaso tenía alma de avestruz?, ¿de bicho bolita?, ¿quizás de cangrejo? Definitivamente no metería la cabeza bajo la tierra otra vez, no se ocultaría bajo una piedra ni caminaría hacia atrás. Esa mujer había muerto en las vías hacía tiempo.
-¡Mamá! ¡La señora está llorando!
Instintivamente se fregó un ojo con la manga de su abrigo, miró al niño parado en el asiento de adelante, que la miraba sorprendido, y sonrió al tiempo que decía que solo era una basurita que molestaba en su ojo. Esta vez el niño fue quien sonrió ampliamente mostrando la ventanita abierta que dejaba su diente faltante, extendió su manito para secarle la mejilla con un gesto tierno y con mirada pícara agregó:
-Las basuritas fueron dos.
....Esta vez la hizo reír al mismo tiempo de hacerla sentir muy tonta, sin embargo de alguna manera se sintió acompañada; aquel niño había reparado en ella. Siempre los niños…
...Bajó del bus. Otra vez al ruedo. Sola.
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