Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
A ti, que forjas sueños al envés
de mi latido,
fraguando el recorrido
de idólatras sentires que después,
se quedan maniatados a tus pies.
Tal vez olvido
que nunca has prometido
ornar en oro el firme del pavés
que acoge el despertar de mis pestañas.
Triste zalema
en siembra de cizañas,
rompiéndome sin pausa todo esquema
entre espadañas
y campos de alhucema.
¡La ausencia tanto quema
en las entrañas!
que mudo en sahumerio cada eccema
mecido en las guadañas
de este poema
que son tan sólo cáusticas barañas
pues siendo el corazón tal como es,
recuerda malherido
a aquel Cupido
flechando su destino de porqués
y siente, que aun poniendo del revés
la vida y su sentido,
no es bienvenido
el llanto que arremete descortés.
Perdóname mi bien si al padecer,
enturbio el brillo
de nuestro amor, si ovillo
el miedo que me esquilma por doquier,
si a veces, pareciera que es placer
el estribillo
que en cantos atornillo
a mi voz, sin poderlo detener.
Cual bárbara y violenta desbandada,
rasga mi ojera
con acerba aladrada,
me ahogo en su frondosa enredadera,
emparedada
en agua y en salmuera.
Mas libre de galera
huyo a la rada,
dejando atrás la agónica escollera
y la mar arbolada,
y en tu ribera
al fin arribo el alma enamorada.
Desnudo ya mis huellas del ayer,
retiro el gris visillo
y abro el pestillo
por ver si así, me ampara tu querer...
A ti, mi luz, juglar de amanecer,
regalo el sonetillo
que aquí rastrillo
y en métrica, me lleva a maltraer.
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