Elizabeth Flores
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amarga realidad.
La encontré con el corazón destrozado
surcando caminos para encontrar
las huellas clandestinas de su padre,
sólo un grito, un lamento, un rezo
hizo eco en el silencio infame
de unas manos crueles que arrancaron
el parral de esperanzas del vivir.
Uno más en la lista de desaparecidos,
la injusticia social que azota sin compasión,
y en cautiverio humilla y roba los sueños
vivos, y encarcela en sueños de muerte.
Huérfana que entre el dolor y el llanto
cautiva su alma al infierno, al no saber
en el navío de infortunio que se encuentra
el artista de sus ensueños y
la desesperanza y el despojo
del hálito de vida son la quimera
colgada en barrotes telaraña.
A media noche salió
y una chispa de esperanza
se frustró, al pasar
por un sendero fúnebre,
una cruz de madera, señal
de muerte, allí estaba,
un jilguero le anunció,
lo bajaron al Seol en vida, después
de torturarlo y lacerar su piel
con demencia y alevosía.
La agonía se clavó como un puñal
en aquel corazón inundado de dolor,
herida y en un mar de llanto
su esperanza apagó con el reflejo
de tan mísera muerte.
Hoy, el recuerdo es espina
que sangra en sollozos.
No tendrá su abrazo, su voz,
su caricia y su seguridad.
Hoy: ¡ No existe !
Elizabeth Flores
17 / 12 / 12.
y en cautiverio humilla y roba los sueños
vivos, y encarcela en sueños de muerte.
Huérfana que entre el dolor y el llanto
cautiva su alma al infierno, al no saber
en el navío de infortunio que se encuentra
el artista de sus ensueños y
la desesperanza y el despojo
del hálito de vida son la quimera
colgada en barrotes telaraña.
A media noche salió
y una chispa de esperanza
se frustró, al pasar
por un sendero fúnebre,
una cruz de madera, señal
de muerte, allí estaba,
un jilguero le anunció,
lo bajaron al Seol en vida, después
de torturarlo y lacerar su piel
con demencia y alevosía.
La agonía se clavó como un puñal
en aquel corazón inundado de dolor,
herida y en un mar de llanto
su esperanza apagó con el reflejo
de tan mísera muerte.
Hoy, el recuerdo es espina
que sangra en sollozos.
No tendrá su abrazo, su voz,
su caricia y su seguridad.
Hoy: ¡ No existe !
Elizabeth Flores
17 / 12 / 12.
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