Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Qué retórico acento llenó la pausa viviente,
secó los acuosos silencios de las ventanas,
limpió las prendas viejas de las pinturas
y levantó una mano de ternuras huérfanas
que rozaron tus mejillas?
El silencio puede resistir hasta el final,
no lo protejas.
Su exactitud para las distancias muere con tus ojos.
¿O es que la luz será negada a ser corrompida
desde los artilleros piratas que ocupan tu isla
ardida de fogatas festejarán el botín?
Qué fabuloso encuentro residiendo en una copa
derramada de poesía, hundido su veneno ardiente
acariciando el alma de mi paz temblorosa,
cerrando la herida nupcial de todo este recuerdo.
secó los acuosos silencios de las ventanas,
limpió las prendas viejas de las pinturas
y levantó una mano de ternuras huérfanas
que rozaron tus mejillas?
El silencio puede resistir hasta el final,
no lo protejas.
Su exactitud para las distancias muere con tus ojos.
¿O es que la luz será negada a ser corrompida
desde los artilleros piratas que ocupan tu isla
ardida de fogatas festejarán el botín?
Qué fabuloso encuentro residiendo en una copa
derramada de poesía, hundido su veneno ardiente
acariciando el alma de mi paz temblorosa,
cerrando la herida nupcial de todo este recuerdo.
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