Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa

Si alguna vez llamara yo a tu puerta,
después de silenciarme en el olvido,
y vieras que de lágrimas cubierta
te ruego dar amparo a mi latido,
mantén tus pasos lejos, bien alerta
el alma despojada de piedad
que aquélla que regresa del infierno
tiñendo tu dintel de oscuridad,
consigo lleva ardiendo el fuego eterno,
¡agónico morir en soledad!
Si alguna vez exijo que saldaras
las sádicas mentiras del pasado,
recuérdame diciéndote a las claras,
¡con sangre pagarás por lo llorado!
que el daño he destilado en alquitaras
forjadas por Vulcano y de ese acero,
bruñido con el óxido de luna,
amargo peso el eco de un te quiero
que Venus en tus labios siempre acuna
en sueños abrazados con esmero.
Si alguna vez descubres mi mirada
vacía de ilusiones, ¡ten seguro!
que toda luz perdía en esta nada
que alumbra fiel presente sin futuro,
extinto feudo, reina destronada.
Y a ti, mujer, que expolias lo que es mío,
sin duda te regale igual moneda,
que de uno a ciento, ¡apenas hay desvío!,
pues cree al fin abierta ya la veda
aquel que justifica así su hastío.
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