HERMOSO SU POEMA, me abracé al color de la esperanza
la que siempre está brillando en mi frente.
Con su poema que me surca, con su aval y con respeto
solo, solo como un complemento, como un brazo en extensión de poema.
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También me gusta el verde, el de la esmeralda
que sin el calor del sol sobre sus espaldas
hace fotosíntesis en la entraña de la greda
forjando lozas férreas y brillantes que son gemas.
Me gusta el verde que se agita, en tonos degradados
en el mar de los siete colores allá en las islas,
salpican sus espumas besando las arenas
y vuelven a sumergirse en sus manglares del tono aceite.
Me gusta el verde de los ojos inocentes, inundan esperanza
y estrechan lazos de amistad como enredaderas en las ventanas
anidan en su centro puntos luminosos, luceros de bondad
que diseminan la armonía y el amor de su pecho.
Amo el verde que acaricia las manos, en agradecimiento
por el amor y los cuidados de un pequeño huerto,
besan la piel marchita y temblorosa de mi madre
y corresponden a su afecto conservándole con vida.
Amo el verde océano extendido en el Amazonas,
en los llanos orientales, sobre la cordillera Andina,
los valles fabulosos, diversidad en sus dominios y
morada antiquísima para la fauna de sus légamos.
Entre tanto amor, por la sonrisa de Dios que se vierte en verde
y hecha líquido translúcido por el color de sus afluentes,
hay una lágrima que tiembla en el redil de mis pestañas
por tanto verde fúlgido, que se mancha a diario con linfa inocente.