Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa

Oigo el viento a través del enrejado
cómo afina en las cuerdas de su pelo,
un nocturno que pone en solfa al cielo
desnudando de nubes su techado.
Miro el ancho brocal adoquinado
con esquirlas de estrellas y desvelo
del insomne responso el gris señuelo
que saldó mi reclamo a tanto alzado.
Poco valgo, ¡mi ensueño apenas nada!,
salvo el triste cantar en este altillo
que saluda de nuevo a la alborada
con zalemas, cual férvido herrerillo,
emplazando en lo azul de su plumada,
el amor que a su vuelo echó el pestillo.
El amor que a su vuelo echó el pestillo,
es la jaula de alumbre en luz vacía
que en su pecho de azufre le envolvía
la esperanza en un rojo farolillo.
Busca el grana del pulso al estribillo
y lo anuda con celo a la almadía
que naufraga en los tiempos... ¡Alma mía!
muda el trino, ¡apocado pajarillo!
que en el cálamo portas la quimera
como Eneas llevó consigo a Roma...
¡Arde Troya!, que antaño fue bandera,
lábaro de odiseas. Hoy desploma
su abatido galope en la madera,
renaciendo con fe de la carcoma.
Renaciendo con fe de la carcoma,
la semilla cimbrea los trigales
y se espiga en victorias diagonales,
encauzando el rocío en diestra doma.
Columbrada la flor, al fin asoma
su flabelo de gualdos cenitales
que revisten de abriles los bancales
y al invierno sepultan con su aroma.
Ora entiendo que el arpa de la luna,
pronto toca la copla, pronto el fado,
basta el sesgo al envés de mi fortuna
que en saudade descosa algún costado
y en el sordo momento en que me acuna
oiga el viento, a través del enrejado.
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