Aisha Baranowska
Poeta que considera el portal su segunda casa
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La vida es un conjunto de realidades, cada una diferente a la otra, y su relatividad es algo bien conocido... Pues, no veo las cosas de la misma manera que los demás, ni trato de hacerlo, pero comprendo bien la necesidad de hablar de las percepciones; de expresar en forma de letras todas nuestras inquietudes, de compartir con el mundo nuestros sentimientos - eso vengo haciendo desde hace varios años y hasta ahora, no me ha servido de nada... Sin embargo, es la misión con la cual he de cumplir porque a eso vine al mundo - a escribir... Sí... A escribir. Escribo, entonces, con lógica y con fuerza, con el tragismo oscuro de los días y noches sin paz - con alma sangrienta y corazón desconsolado, entre la noche y la lluvia, y mi poesía desvanece en el aire que respiro... El viento susurra al oído las antiguas canciones de cuna, mientras que yo me refugio en mi mundo sin estrellas donde la única luz es la del pensamiento... Fugaz como un sueño, profundo como el mar - la nostalgia por el pasado y la añoranza del porvenir... Aborrezco mi presente; sin embargo, lo aguanto por una sola razón - para poder llegar algún día a ese futuro feliz que no existe sino en mis esperanzas locas, las que nunca se materializan, sin importar mi esfuerzo...
Ahora estoy segura de que el mundo nunca ha sido mi lugar; que sólo estoy aquí de paso - pues, no he sabido vivir; ni a solas, ni tampóco entre la gente... No me he creído nunca ni mejor, ni peor - sólo diferente... Desde que puse por primera vez el pie en la escuela, ya lo pude comprobar en miles de ocasiones cuando fui constantemente perseguida y martirizada por todo el mundo; jamás tuve amigos en la escuela, durante los seis años de la primaria he sido víctima de la crueldad y violencia de los alumnos y profesores, todos en contra mía, sin que me pudiese defender - hasta que por fin ingresé al colegio; entonces, ya era otro ambiente, pero igual nadie quería tener nada que ver conmigo, pues en la pausa leía libros, apoyada contra la pared... No era ningún genio; sólo fui brillante en las clases de los idiomas extranjeros, arte, literatura, historia y música. De las ciencias siempre me gustó mucho la química, pero a las matemáticas, no las entendía... Me gustó también la geografía; de niña, adoraba leer mapas e imaginarme cómo sería estar en esos lugares remotos de los que leía mucho en los libros... Hacía planes grandes, tenía muchos sueños... Nunca me imaginé, sin embargo, el rumbo que iba a tomar mi vida después de la escuela...
Siempre me indignaba al saber de cualquier injusticia... Sentía necesidad ardiente de mostrar mi solidaridad con los que sufrían por causa de la estupidez y maldad que hay en este mundo; por causa de los prejuicios sociales, por ejemplo. En el fin de la primaria, simpatizaba mucho con los gitanos, además me atraía su modo de vivir tan diferente del a que estaba acostumbrada - y ciertos aspectos de la cultura gitana me parecían muy atractivos. Por ejemplo, la música, la ropa, la libertad y amor de la naturaleza; todo lo romántico y hermoso que yo percibía de la perspectiva de mis doce años... Me hice amiga de ellos y aprendí mucho sobre esa nación de peregrinos al margen de la sociedad que no podía comprenderlos y que los señalaba con odio y desprecio... Yo no; para mí, eran simplemente seres humanos a los que yo amaba y respetaba. Lo mismo me pasaba con otras fracciones de la sociedad tanto en mi propio país, como en el extranjero. Siempre sentía que las comprendía mejor a todas las personas que de alguna manera no se ajustaban bien a las expectaciones de la comunidad en la que vivían, quizás porque yo misma siempre he sido así: un ser solitario e incomprendido, destinado al fracaso desde que nació...
Pues, mi camino tomó un turno realmente extraordinario; terminé el colegio y acabé casándome con un forastero... Viajé hasta la frontera de la India, descubriendo un país agreste y bello, quizás también peligroso - del cual todavía me queda un recuerdo en forma de cicatriz después de que tuve un accidente por ahí; el pequeño pueblo estaba sin luz eléctrica por un par de horas, algo muy común en esa parte del mundo... Ya era practicamente de noche y regresando del mercado donde compraba unos libros, caí en el hueco con el alcantarillado cubierto con una tapa de hierro la cual estaba rota y una parte de ese hierro se me clavó en la pantorrilla izquierda hasta el hueso... No pude caminar por mucho tiempo... En el único hospital improvisado e inmundo, sin condiciones para cuidar bien a sus pacientes, la mujer en función de médico me limpió la herida y me puso las vendas pero eso no era suficiente. Necesitaba urgentemente la intervención quirúrgica, pues el cuadro se había puesto más grave y pude haber perdido la pantorrilla entera, como ahí simplemente le cortaban todo a uno sin curarlo, por falta de recursos y conocimientos; había visto muchos hombres sin brazos y piernas, en las sillas de ruedas, en aquel mercado, y no quería acabar como ellos. Felizmente, dentro de unos pocos días regresaba a Europa... ¡Por fin! ¡De vuelta a la civilización...! En aquel país salvaje todo el tiempo estaba arriesgando la vida en los altos caminos entre las montañas donde por un lado había una roca - y por el otro, un abismo sin fin donde caían con mucha frecuencia los vehículos llenos de gente desafortunada que entonces, perdía la vida en aquellos precipicios... Cuando cruzaba los puentes de madera colgados sobre el río cientos de metros abajo, el ruido que hacían las placas inseguras atadas con la cuerda, me daba un escalofrío. Pero seguía explorando el hermoso paisaje, a pesar de los peligros esperando en cada rincón, en cada esquina, y de una buena variedad - desde los animales sueltos como serpientes venenosas y arañas grandes, hasta los huecos abiertos con aguas residuales en las calles del pueblo, hasta las bandas de ladrones y asesinos que aterrorizaban los habitantes del mismo de vez en cuando, hasta la malaria; la enfermedad de los trópicos - hasta la naturaleza salvaje e implacable de los Himalayas. Por cierto, volví a Inglaterra y tuve una operación, y estuve por una semana en el hospital. Eso ya hace cinco años...
Luego fui a París y a Barcelona; fue una escapada breve pero me dio la oportunidad de ver un poco de Europa y lo más importante, practicar mi español y mi en la mayor parte olvidado ya francés... Un año después me separé del marido y regresé a Polonia para intentar vivir independientemente - pero nada me salió tal cómo lo planeaba y tuve que mudarme otra vez al Reino Unido... No tuve otra alternativa. Si por mí fuera, ya hace tiempo viviría en España donde nadie me conoce y no tendría por qué temer que mi pasado pueda afectar de alguna manera el presente y el futuro que con tanto empeño trataba de construir... ¡España - el país de mis sueños! Desde pequeña siempre quise vivir ahí, donde la gente hablaba el idioma castellano y donde se bailaba el flamenco - la danza que bien se ajustaba a mi temperamento feroz y amor de lo dramático; España - mi lugar en la tierra...
Sigo, entonces, haciendo unos ahorros para poder irme cuanto antes porque la vida aquí me agobia y se vuelve cada vez más insoportable. Mientras tanto, voy escribiendo mis poesías, como siempre, con un sabor amargo y un aire melancólico como la negrura del cielo nocturno en ausencia de luna - y como la tormenta con vientos y diluvios; como un barco naufragado en el mar de la existencia.
[22/11/2013]

La vida es un conjunto de realidades, cada una diferente a la otra, y su relatividad es algo bien conocido... Pues, no veo las cosas de la misma manera que los demás, ni trato de hacerlo, pero comprendo bien la necesidad de hablar de las percepciones; de expresar en forma de letras todas nuestras inquietudes, de compartir con el mundo nuestros sentimientos - eso vengo haciendo desde hace varios años y hasta ahora, no me ha servido de nada... Sin embargo, es la misión con la cual he de cumplir porque a eso vine al mundo - a escribir... Sí... A escribir. Escribo, entonces, con lógica y con fuerza, con el tragismo oscuro de los días y noches sin paz - con alma sangrienta y corazón desconsolado, entre la noche y la lluvia, y mi poesía desvanece en el aire que respiro... El viento susurra al oído las antiguas canciones de cuna, mientras que yo me refugio en mi mundo sin estrellas donde la única luz es la del pensamiento... Fugaz como un sueño, profundo como el mar - la nostalgia por el pasado y la añoranza del porvenir... Aborrezco mi presente; sin embargo, lo aguanto por una sola razón - para poder llegar algún día a ese futuro feliz que no existe sino en mis esperanzas locas, las que nunca se materializan, sin importar mi esfuerzo...
Ahora estoy segura de que el mundo nunca ha sido mi lugar; que sólo estoy aquí de paso - pues, no he sabido vivir; ni a solas, ni tampóco entre la gente... No me he creído nunca ni mejor, ni peor - sólo diferente... Desde que puse por primera vez el pie en la escuela, ya lo pude comprobar en miles de ocasiones cuando fui constantemente perseguida y martirizada por todo el mundo; jamás tuve amigos en la escuela, durante los seis años de la primaria he sido víctima de la crueldad y violencia de los alumnos y profesores, todos en contra mía, sin que me pudiese defender - hasta que por fin ingresé al colegio; entonces, ya era otro ambiente, pero igual nadie quería tener nada que ver conmigo, pues en la pausa leía libros, apoyada contra la pared... No era ningún genio; sólo fui brillante en las clases de los idiomas extranjeros, arte, literatura, historia y música. De las ciencias siempre me gustó mucho la química, pero a las matemáticas, no las entendía... Me gustó también la geografía; de niña, adoraba leer mapas e imaginarme cómo sería estar en esos lugares remotos de los que leía mucho en los libros... Hacía planes grandes, tenía muchos sueños... Nunca me imaginé, sin embargo, el rumbo que iba a tomar mi vida después de la escuela...
Siempre me indignaba al saber de cualquier injusticia... Sentía necesidad ardiente de mostrar mi solidaridad con los que sufrían por causa de la estupidez y maldad que hay en este mundo; por causa de los prejuicios sociales, por ejemplo. En el fin de la primaria, simpatizaba mucho con los gitanos, además me atraía su modo de vivir tan diferente del a que estaba acostumbrada - y ciertos aspectos de la cultura gitana me parecían muy atractivos. Por ejemplo, la música, la ropa, la libertad y amor de la naturaleza; todo lo romántico y hermoso que yo percibía de la perspectiva de mis doce años... Me hice amiga de ellos y aprendí mucho sobre esa nación de peregrinos al margen de la sociedad que no podía comprenderlos y que los señalaba con odio y desprecio... Yo no; para mí, eran simplemente seres humanos a los que yo amaba y respetaba. Lo mismo me pasaba con otras fracciones de la sociedad tanto en mi propio país, como en el extranjero. Siempre sentía que las comprendía mejor a todas las personas que de alguna manera no se ajustaban bien a las expectaciones de la comunidad en la que vivían, quizás porque yo misma siempre he sido así: un ser solitario e incomprendido, destinado al fracaso desde que nació...
Pues, mi camino tomó un turno realmente extraordinario; terminé el colegio y acabé casándome con un forastero... Viajé hasta la frontera de la India, descubriendo un país agreste y bello, quizás también peligroso - del cual todavía me queda un recuerdo en forma de cicatriz después de que tuve un accidente por ahí; el pequeño pueblo estaba sin luz eléctrica por un par de horas, algo muy común en esa parte del mundo... Ya era practicamente de noche y regresando del mercado donde compraba unos libros, caí en el hueco con el alcantarillado cubierto con una tapa de hierro la cual estaba rota y una parte de ese hierro se me clavó en la pantorrilla izquierda hasta el hueso... No pude caminar por mucho tiempo... En el único hospital improvisado e inmundo, sin condiciones para cuidar bien a sus pacientes, la mujer en función de médico me limpió la herida y me puso las vendas pero eso no era suficiente. Necesitaba urgentemente la intervención quirúrgica, pues el cuadro se había puesto más grave y pude haber perdido la pantorrilla entera, como ahí simplemente le cortaban todo a uno sin curarlo, por falta de recursos y conocimientos; había visto muchos hombres sin brazos y piernas, en las sillas de ruedas, en aquel mercado, y no quería acabar como ellos. Felizmente, dentro de unos pocos días regresaba a Europa... ¡Por fin! ¡De vuelta a la civilización...! En aquel país salvaje todo el tiempo estaba arriesgando la vida en los altos caminos entre las montañas donde por un lado había una roca - y por el otro, un abismo sin fin donde caían con mucha frecuencia los vehículos llenos de gente desafortunada que entonces, perdía la vida en aquellos precipicios... Cuando cruzaba los puentes de madera colgados sobre el río cientos de metros abajo, el ruido que hacían las placas inseguras atadas con la cuerda, me daba un escalofrío. Pero seguía explorando el hermoso paisaje, a pesar de los peligros esperando en cada rincón, en cada esquina, y de una buena variedad - desde los animales sueltos como serpientes venenosas y arañas grandes, hasta los huecos abiertos con aguas residuales en las calles del pueblo, hasta las bandas de ladrones y asesinos que aterrorizaban los habitantes del mismo de vez en cuando, hasta la malaria; la enfermedad de los trópicos - hasta la naturaleza salvaje e implacable de los Himalayas. Por cierto, volví a Inglaterra y tuve una operación, y estuve por una semana en el hospital. Eso ya hace cinco años...
Luego fui a París y a Barcelona; fue una escapada breve pero me dio la oportunidad de ver un poco de Europa y lo más importante, practicar mi español y mi en la mayor parte olvidado ya francés... Un año después me separé del marido y regresé a Polonia para intentar vivir independientemente - pero nada me salió tal cómo lo planeaba y tuve que mudarme otra vez al Reino Unido... No tuve otra alternativa. Si por mí fuera, ya hace tiempo viviría en España donde nadie me conoce y no tendría por qué temer que mi pasado pueda afectar de alguna manera el presente y el futuro que con tanto empeño trataba de construir... ¡España - el país de mis sueños! Desde pequeña siempre quise vivir ahí, donde la gente hablaba el idioma castellano y donde se bailaba el flamenco - la danza que bien se ajustaba a mi temperamento feroz y amor de lo dramático; España - mi lugar en la tierra...
Sigo, entonces, haciendo unos ahorros para poder irme cuanto antes porque la vida aquí me agobia y se vuelve cada vez más insoportable. Mientras tanto, voy escribiendo mis poesías, como siempre, con un sabor amargo y un aire melancólico como la negrura del cielo nocturno en ausencia de luna - y como la tormenta con vientos y diluvios; como un barco naufragado en el mar de la existencia.
[22/11/2013]

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