En mi vida de eterno emigrar hallé la tierra prometida en tus ojos estables.
sobreviene la ira hereditaria en mi cuerpo,
pero el río de tu menguante risa calma mi embullecida sangre.
Con amor lo recibo, dictaste ante mi duda fulgurante.
Desconfiada contesté por mi vida errante.
Fuego recité en mi ambidiestra mano,
de tantos cantos callados.
Haciendo barcos con mi mano estoy,
evocando una época en la que la felicidad no necesitaba ser evocada.
Administradora soy de una suerte tan buscada
como las lágrimas en las ostras.
veo para no desfallecer y mantener la mirada ante quien me la sostiene,
sea o mendigo o dueño, de una vida que le es propia.
El fulminante calor, que proviene de mis papilas,
torna exultante el pensar de mis palabras
y futura un saber de dedos engominados por el alcohol.
sobreviene la ira hereditaria en mi cuerpo,
pero el río de tu menguante risa calma mi embullecida sangre.
Con amor lo recibo, dictaste ante mi duda fulgurante.
Desconfiada contesté por mi vida errante.
Fuego recité en mi ambidiestra mano,
de tantos cantos callados.
Haciendo barcos con mi mano estoy,
evocando una época en la que la felicidad no necesitaba ser evocada.
Administradora soy de una suerte tan buscada
como las lágrimas en las ostras.
veo para no desfallecer y mantener la mirada ante quien me la sostiene,
sea o mendigo o dueño, de una vida que le es propia.
El fulminante calor, que proviene de mis papilas,
torna exultante el pensar de mis palabras
y futura un saber de dedos engominados por el alcohol.