Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Tendrías que ver cómo huelen a azahar
los campos en primavera
y oír los cantos alegres
de todo lo que vuela
y el zumbar azaroso, el laborar
de millones de abejas
que trabajan a mi lado;
respeto me tienen, respeto yo a ellas.
Tendrías que oler la estación
que apenas llega
se instala entre nosotros
y que todo lo llena.
Tendrías que sentir,
como siento yo, sus venas,
su alegre algarabía,
su plenitud en las eras,
en el monte, en el huerto
en las pupilas hambrientas
de renuevos y de flores,
de vistas y sensaciones
a un centímetro de la piel de las neuronas.
Tendrías que dar el salto,
montarte en la estación sin trenes,
huir del invierno anquilosado,
de los fríos, del desmayo,
del régimen autoritario
de estos rigurosos meses.
Luce el sol al alba
con un color inusitado,
pasa la brisa y nos deja
con el roce su reclamo.
Llega la noche cálida y se refleja
en la luna escaparate de un nuevo año
que incita a los supervivientes
a adentrarse en el encanto
de ver y de ser vistos,
de gozar de los sentidos,
de olvidar mil desengaños.
Llegó la primavera, ¡llega!,
con tu equipaje de mano.
Coge la maleta, trae el perro
y un paraguas por si acaso.
los campos en primavera
y oír los cantos alegres
de todo lo que vuela
y el zumbar azaroso, el laborar
de millones de abejas
que trabajan a mi lado;
respeto me tienen, respeto yo a ellas.
Tendrías que oler la estación
que apenas llega
se instala entre nosotros
y que todo lo llena.
Tendrías que sentir,
como siento yo, sus venas,
su alegre algarabía,
su plenitud en las eras,
en el monte, en el huerto
en las pupilas hambrientas
de renuevos y de flores,
de vistas y sensaciones
a un centímetro de la piel de las neuronas.
Tendrías que dar el salto,
montarte en la estación sin trenes,
huir del invierno anquilosado,
de los fríos, del desmayo,
del régimen autoritario
de estos rigurosos meses.
Luce el sol al alba
con un color inusitado,
pasa la brisa y nos deja
con el roce su reclamo.
Llega la noche cálida y se refleja
en la luna escaparate de un nuevo año
que incita a los supervivientes
a adentrarse en el encanto
de ver y de ser vistos,
de gozar de los sentidos,
de olvidar mil desengaños.
Llegó la primavera, ¡llega!,
con tu equipaje de mano.
Coge la maleta, trae el perro
y un paraguas por si acaso.
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