Jose Andrea Kastronovo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te siento en lo profundo del cristalino río,
y con la complicidad del tibio viento,
aún escucho susurrar tu bendito nombre,
tenue, constante, pero al final tan vacío.
Te veo en el contorno de todos los rostros,
en cada ser que me encuentro en la calle,
triste es ver que quedó tan poco de nosotros,
y algo de eso, es tu tibio recuerdo en el aire.
Te escucho ahora en cada triste canción,
y más en las que con amor te había dedicado,
aún quedan recuerdos tuyos en algún rincón,
resistiéndose a ser arrastrados por el pasado.
Estás tan viva y a la vez estás tan lejos,
estás tan cerca y para mi amor tan muerta,
tanto para no poder tocarte con mis dedos,
lo suficiente para dejarme un alma desierta
y con la complicidad del tibio viento,
aún escucho susurrar tu bendito nombre,
tenue, constante, pero al final tan vacío.
Te veo en el contorno de todos los rostros,
en cada ser que me encuentro en la calle,
triste es ver que quedó tan poco de nosotros,
y algo de eso, es tu tibio recuerdo en el aire.
Te escucho ahora en cada triste canción,
y más en las que con amor te había dedicado,
aún quedan recuerdos tuyos en algún rincón,
resistiéndose a ser arrastrados por el pasado.
Estás tan viva y a la vez estás tan lejos,
estás tan cerca y para mi amor tan muerta,
tanto para no poder tocarte con mis dedos,
lo suficiente para dejarme un alma desierta
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