Francisco Redondo Benito
Moderador/enseñante del subforo de MÉTRICA y RIMA
Consejos para componer un ovillejo
1. ¿Qué es un ovillejo? El ovillejo es una estrofa de alarde que popularizó Miguel de Cervantes dentro de su novela más excelsa El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y mucho más tarde usó, entre otros, José Zorrilla en su Don Juan Tenorio. El Diccionario de métrica española de José Domínguez Caparrós lo define así:
Ovillejo. Estrofa de diez versos dispuestos de la siguiente forma: tres pareados de octosílabo y quebrado; una redondilla que sigue la rima del último pareado y cuyo último verso se forma con la unión de los tres quebrados. La rima es consonante.
2. Cómo aconsejo componer un ovillejo. En mi opinión el ovillejo debe empezarse a componer por los pies. Y digo esto con un doble sentido: debe empezarse por los pies por el último verso (primer sentido), el cual, partido en tres nos proporcionará los pies quebrados (segundo sentido), todo lo cual, colocado en su sitio nos dejará formado el esqueleto del ovillejo.
Me viene a la memoria una vieja canción asturiana:
Y en una coda final se alterna el ¡malhaya de enamorar! con amores que yo tenía, verso éste, evocador y nostálgico, con que acaba la canción.
Pues bien, tomemos este último verso:
y tratemos de construir nuestro ovillejo sobre él. Lo primero que tenemos que comprobar es que sea de ocho sílabas métricas; y realmente lo es:
luego habrá que tratar de obtener a partir de ello los tres pies quebrados trisílabos. Probemos:
El primero y el tercero están claros, pero el central parece tener sólo dos sílabas Aparentemente porque está en el centro, pero, si lo separamos y contemplamos aislado, observaremos que termina en el pronombre yo, que es agudo, con lo cual nos resultarán 2 + 1 = 3 sílabas. Vale, pues. Ya tenemos el esqueleto de nuestro ovillejo, que queda como sigue (los números son los de orden de cada verso):
Ahora vamos a elegir las consonantes. Me inspiro en el carácter de elegía amorosa de la canción y juego con los conceptos AMOR-DOLOR y encuentro por ejemplo dolores-amores, padeció-yo, hería-tenía-agonía. Nos faltan las centrales de la redondilla (versos 8º y 9º), y me gusta la consonante ura, que contrasta bien con la vecina ía, y que, en el mismo contexto, nos proporciona dulzura-locura.
De esta manera, nuestra estructura se ha enriquecido ya notablemente y tiene este aspecto:
Y ahora un poco de jugar con las palabras y de aplicar imaginación nos da el resultado final:
Obsérvese que, para mejorar el sentido del verso, he debido anteponer a amores la preposición de tanto en el 2º como en el 10º versos, aunque, a causa de la sinalefa, ni en un caso ni en el otro aumentó la cuenta de sílabas. Así de sencillo.
Madrid, sábado, 07 de febrero de 2009
1. ¿Qué es un ovillejo? El ovillejo es una estrofa de alarde que popularizó Miguel de Cervantes dentro de su novela más excelsa El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y mucho más tarde usó, entre otros, José Zorrilla en su Don Juan Tenorio. El Diccionario de métrica española de José Domínguez Caparrós lo define así:
Ovillejo. Estrofa de diez versos dispuestos de la siguiente forma: tres pareados de octosílabo y quebrado; una redondilla que sigue la rima del último pareado y cuyo último verso se forma con la unión de los tres quebrados. La rima es consonante.
¿Quién menoscaba mis bienes?
Desdenes.
Y ¿quién aumenta mis duelos?
Los celos.
Y ¿quién prueba mi paciencia?
Ausencia.
De este modo, en mi dolencia
ningún remedio se alcanza,
pues me matan la esperanza
desdenes, celos y ausencia.
Desdenes.
Y ¿quién aumenta mis duelos?
Los celos.
Y ¿quién prueba mi paciencia?
Ausencia.
De este modo, en mi dolencia
ningún remedio se alcanza,
pues me matan la esperanza
desdenes, celos y ausencia.
2. Cómo aconsejo componer un ovillejo. En mi opinión el ovillejo debe empezarse a componer por los pies. Y digo esto con un doble sentido: debe empezarse por los pies por el último verso (primer sentido), el cual, partido en tres nos proporcionará los pies quebrados (segundo sentido), todo lo cual, colocado en su sitio nos dejará formado el esqueleto del ovillejo.
Me viene a la memoria una vieja canción asturiana:
Fui al Cristu y enamoreme
¡malhaya de enamorar!
Desde que te vi. aquel día,
morena mía
non te podré olvidar.
¡Malhaya de enamorar!
¡malhaya de enamorar!
Desde que te vi. aquel día,
morena mía
non te podré olvidar.
¡Malhaya de enamorar!
Y en una coda final se alterna el ¡malhaya de enamorar! con amores que yo tenía, verso éste, evocador y nostálgico, con que acaba la canción.
Pues bien, tomemos este último verso:
amores que yo tenía,
y tratemos de construir nuestro ovillejo sobre él. Lo primero que tenemos que comprobar es que sea de ocho sílabas métricas; y realmente lo es:
a-mo-res-que-yo-te-ní-a,
luego habrá que tratar de obtener a partir de ello los tres pies quebrados trisílabos. Probemos:
amores/ que yo/ tenía
El primero y el tercero están claros, pero el central parece tener sólo dos sílabas Aparentemente porque está en el centro, pero, si lo separamos y contemplamos aislado, observaremos que termina en el pronombre yo, que es agudo, con lo cual nos resultarán 2 + 1 = 3 sílabas. Vale, pues. Ya tenemos el esqueleto de nuestro ovillejo, que queda como sigue (los números son los de orden de cada verso):
2 amores
4 que yo
6 tenía
10 amores que yo tenía
4 que yo
6 tenía
10 amores que yo tenía
Ahora vamos a elegir las consonantes. Me inspiro en el carácter de elegía amorosa de la canción y juego con los conceptos AMOR-DOLOR y encuentro por ejemplo dolores-amores, padeció-yo, hería-tenía-agonía. Nos faltan las centrales de la redondilla (versos 8º y 9º), y me gusta la consonante ura, que contrasta bien con la vecina ía, y que, en el mismo contexto, nos proporciona dulzura-locura.
De esta manera, nuestra estructura se ha enriquecido ya notablemente y tiene este aspecto:
1 dolores
2 amores
3 padeció
4 que yo
5 hería
6 tenía
7 agonía
8 dulzura
9 locura
10 amores que yo tenía
2 amores
3 padeció
4 que yo
5 hería
6 tenía
7 agonía
8 dulzura
9 locura
10 amores que yo tenía
Y ahora un poco de jugar con las palabras y de aplicar imaginación nos da el resultado final:
El rigor de los dolores
de amores
ninguno más padeció
que yo,
que amor cuanto más me hería
tenía.
Y aún viviendo en la agonía
todo trocaba en dulzura
esa adorable locura
de amores que yo tenía.
de amores
ninguno más padeció
que yo,
que amor cuanto más me hería
tenía.
Y aún viviendo en la agonía
todo trocaba en dulzura
esa adorable locura
de amores que yo tenía.
Obsérvese que, para mejorar el sentido del verso, he debido anteponer a amores la preposición de tanto en el 2º como en el 10º versos, aunque, a causa de la sinalefa, ni en un caso ni en el otro aumentó la cuenta de sílabas. Así de sencillo.
Madrid, sábado, 07 de febrero de 2009