Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
CONTRASTES EN LA PLAYA
Nunca olvidaré aquella tarde de verano que pasé en una playa del estrecho de Gibraltar, el lugar donde se une el mar Mediterráneo con el océano Atlántico y se acerca Europa a África. La brisa, el sol y el agua acariciaban la piel sonrosada de mi hija pequeña; las olas movían suavemente su colchón inflado, igual que se mece una cuna.
-¿Dónde está África? - me preguntó la niña.
- Allí. - dije señalando los montes de la otra costa - Allí, en África, vivieron las primeras personas hace muchos, muchísimos años. Más allá, en el centro del continente, viven en libertad los leones, las jirafas, los elefan...
Entonces interrumpí mis palabras. Allí, muy cerca de donde estábamos, apareció flotando el cuerpo de un niño sin vida, una de las muchas victimas que naugfragan en las pateras cargadas de emigrantes, los desesperados que huyen de la miseria. La brisa, el sol y el agua acariciaban la piel morena del pequeño náufrago; las olas movían suavemente su cuerpo hinchado, igual que se mece una cuna.
-¿Dónde está África? - me preguntó la niña.
- Allí. - dije señalando los montes de la otra costa - Allí, en África, vivieron las primeras personas hace muchos, muchísimos años. Más allá, en el centro del continente, viven en libertad los leones, las jirafas, los elefan...
Entonces interrumpí mis palabras. Allí, muy cerca de donde estábamos, apareció flotando el cuerpo de un niño sin vida, una de las muchas victimas que naugfragan en las pateras cargadas de emigrantes, los desesperados que huyen de la miseria. La brisa, el sol y el agua acariciaban la piel morena del pequeño náufrago; las olas movían suavemente su cuerpo hinchado, igual que se mece una cuna.
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