salerin
Poeta que considera el portal su segunda casa
Perfumando las horas de mi vida,
¡tú, reina de jardines! ¡flor de flores,!
te meciste en mis manos, desvalida;
adornaste con ansia mis amores,
entregando tu alma adormecida.
Ajaron, estos dedos soñadores,
tus pétalos de niña consentida
y velando tu ojos, dolorida,
el Sol se derrumbó con tus colores.
Tu terciopelo grís ya es esperanza,
con tu rojo se fué la luz dorada.
Dejo libre, en el suelo, la semblanza,
tu imagen en mis ojos, lacerada
y en mi sentir quedó tu confianza.
Tu alma, por el aire, evaporada
se llevó, con tu aroma, la esperanza
y tu carne, espinas y venganza,
cayó de entre mis dedos, deshilada.
Manuel Sal Menéndez.
¡tú, reina de jardines! ¡flor de flores,!
te meciste en mis manos, desvalida;
adornaste con ansia mis amores,
entregando tu alma adormecida.
Ajaron, estos dedos soñadores,
tus pétalos de niña consentida
y velando tu ojos, dolorida,
el Sol se derrumbó con tus colores.
Tu terciopelo grís ya es esperanza,
con tu rojo se fué la luz dorada.
Dejo libre, en el suelo, la semblanza,
tu imagen en mis ojos, lacerada
y en mi sentir quedó tu confianza.
Tu alma, por el aire, evaporada
se llevó, con tu aroma, la esperanza
y tu carne, espinas y venganza,
cayó de entre mis dedos, deshilada.
Manuel Sal Menéndez.
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