Uqbar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Por aquí, el bosque se ha petrificado, la savia espera paciente una nueva oportunidad de luz, de calor. Se ha dormido en las ramas y en los troncos, como luces tibias que adornan sueños, que invitan en navidad a perpetuar la infancia.
Compartir ese tiempo de pulsaciones, ese tiempo que se nos va a pesar de no haberlo nunca poseído, el que nos queda grabado en la memoria buscando acomodarse sin esfuerzo mientras se debate con la vida del ahora, porque tiene la fuerza del pasado, la fuerza de la ensoñación, la fuerza de la poesía.
Observo con cierta envidia esa capacidad de ralentizar la vida, de sobrecogerse al abrigo del invierno y pausar los ritmos vitales. Me pregunto por qué el concepto de la vida no entra en sus ramas como en las mías, por qué el invierno se me presenta difícil cuando es tan necesario como un sueño, tan obvio, tan absoluto.
A medida que asciendes la ladera o te acercas al Polo Norte, las coníferas de hoja perenne dejan de crecer, son "El último árbol".
Que más le da a este árbol ser el último para mis ojos, si volverá a ser vida, si será sustrato para la tierra como lo fueron otros para él. Si es una parte del todo. ¿Acaso es el egoísmo un privilegio exclusivo del ser humano? Tiene pinta si…
En un charco vislumbro esas incipientes arrugas que harán de mi rostro corteza de árbol donde se contarán los años por fuera, como los anillos que permanecen a lo largo de los troncos dejando otra certeza del tiempo.
Compartir ese tiempo de pulsaciones, ese tiempo que se nos va a pesar de no haberlo nunca poseído, el que nos queda grabado en la memoria buscando acomodarse sin esfuerzo mientras se debate con la vida del ahora, porque tiene la fuerza del pasado, la fuerza de la ensoñación, la fuerza de la poesía.
Observo con cierta envidia esa capacidad de ralentizar la vida, de sobrecogerse al abrigo del invierno y pausar los ritmos vitales. Me pregunto por qué el concepto de la vida no entra en sus ramas como en las mías, por qué el invierno se me presenta difícil cuando es tan necesario como un sueño, tan obvio, tan absoluto.
A medida que asciendes la ladera o te acercas al Polo Norte, las coníferas de hoja perenne dejan de crecer, son "El último árbol".
Que más le da a este árbol ser el último para mis ojos, si volverá a ser vida, si será sustrato para la tierra como lo fueron otros para él. Si es una parte del todo. ¿Acaso es el egoísmo un privilegio exclusivo del ser humano? Tiene pinta si…
En un charco vislumbro esas incipientes arrugas que harán de mi rostro corteza de árbol donde se contarán los años por fuera, como los anillos que permanecen a lo largo de los troncos dejando otra certeza del tiempo.
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