luna roja
Princesa de fuego
Latidos.
Tengo los pies en el agua y el estanque se muestra plácido y tranquilo.
Pequeños insectos o hojas o ramitas caen y perturban apenas la quietud.
El placer del frío entre los dedos,
las burbujas de oxígeno que se agarran a la piel.
Piedras y cantos redondos configuran el paisaje, gris casi lunar.
Sin avisar, sin sentido comienzan a crujir y se alteran,
siento la frecuencia, subsónica emperatriz de los sonidos.
(No quiero, no quiero)
No es miedo, si no ansia, el tambor suena una vez más.
Fuertemente, dolorosamente.
Son pasos de gigante generando ondas en el agua,
círculos concéntricos que arremeten contra las orillas.
(Solo pensé en ti un segundo)
Los latidos secos, mudos, se comprimen en los oídos.
Dulce del pasado que no quiero saborear.
Déjalo ya, para de tocar ese instrumento.
Conozco esa canción, pulsaciones, ritmo étnico y ancestral.
Bajo las estrellas fulgurantes, el recuerdo.
No quiero estar otra vez bajo tu balcón.
(Patético, necio, iluso)
Me quiero quedar en la laguna del olvido,
pero los latidos saben que no hay mentira, no te puedes engañar.
No te puedes mentir a ti mismo.
Es estanque es ahora rio y me arrastra, inevitable.
Rompiste el dique, la presa otra vez partida, ahí vamos todos boca abajo,
los insectos, las ranas, los peces las ramas…
(Me he vuelto a enamorar)
cuando te leía, me transporte a un lugar muy bonito, donde fui de vacaciones, no había un estanque pero si un arroyito cristalino y tranquilo que corría en medio de las piedras blancas y redondas, podías quedarte horas ahí mirando los peces y los renacuajos; era un placer casi indescriptible sentir el canto de las aves mezclarse con el sonido del agua cantarina .De repente un día un sonido diferente sordo y grave perturbo el aire después comenzaron a soñar las sirenas y en cuestión de segundos una ola de agua, piedras, lodo, árboles invadió el lugar revolviendolo todo, alterando todo el ecosistema pero aún así seguía siendo bello...así es tu poema