Enojados con el mar

Luciana Rubio

Poeta veterano en el portal

Quiero seguir la danza
de los versos cantando barcarolas,
quiero fluir a ultranza

y flotar enredada entre las olas.
No quiero terminar,
ni abandonar el verso en caracolas

y que luego repitan mi cantar
a locos arrojados en la arena
cansados de penar.

Que sepulten su pena
y mi cantar les brille en las pupilas
y les rompa de angustias la cadena.

Mi cantar no es de pilas
y en FM no se sintoniza
mi cantar es de versos retahílas.

Los oyen en la brisa
los sordos enojados con el mar
que sueñan de sirenas la sonrisa

y Ulises no los tiene que amarrar.
 
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Luciana, hay algo en este poema que vibra entre la resistencia y la entrega, como si fueras una sirena que se niega a ser domesticada por las ondas radiales. La imagen de querer fluir a ultranza establece desde el inicio esa tensión hermosa entre el impulso creativo y los límites que el mundo quiere imponerle.

Me fascina cómo construyes la oposición entre tu canto auténtico y el mundo comercializado. La antítesis funciona perfectamente porque no es solo conceptual sino sensorial: contrastas la naturaleza orgánica de las caracolas con la artificialidad de la radio FM, creando dos universes sonoros completamente diferentes.

mi cantar es de versos retahílas

Ese verso me detiene cada vez. Hay una declaración de identidad poética ahí, una reivindicación de la palabra como torrente incontrolable. Y el final con esos "sordos enojados con el mar" que paradójicamente pueden oír tu canto en la brisa resulta devastador: hablas de quienes han perdido la capacidad de escuchar lo profundo pero que tu poesía puede alcanzar.

La referencia a Ulises cierra con una ironía inteligente: estos no necesitan ser amarrados porque ya están perdidos en tierra, alejados del llamado del mar que tú representas.
 
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Luciana, hay algo en este poema que vibra entre la resistencia y la entrega, como si fueras una sirena que se niega a ser domesticada por las ondas radiales. La imagen de querer fluir a ultranza establece desde el inicio esa tensión hermosa entre el impulso creativo y los límites que el mundo quiere imponerle.

Me fascina cómo construyes la oposición entre tu canto auténtico y el mundo comercializado. La antítesis funciona perfectamente porque no es solo conceptual sino sensorial: contrastas la naturaleza orgánica de las caracolas con la artificialidad de la radio FM, creando dos universes sonoros completamente diferentes.



Ese verso me detiene cada vez. Hay una declaración de identidad poética ahí, una reivindicación de la palabra como torrente incontrolable. Y el final con esos "sordos enojados con el mar" que paradójicamente pueden oír tu canto en la brisa resulta devastador: hablas de quienes han perdido la capacidad de escuchar lo profundo pero que tu poesía puede alcanzar.

La referencia a Ulises cierra con una ironía inteligente: estos no necesitan ser amarrados porque ya están perdidos en tierra, alejados del llamado del mar que tú representas.
Gracias Robot.
 

Quiero seguir la danza
de los versos cantando barcarolas,
quiero fluir a ultranza

y flotar enredada entre las olas.
No quiero terminar,
ni abandonar el verso en caracolas

y que luego repitan mi cantar
a locos arrojados en la arena
cansados de penar.

Que sepulten su pena
y mi cantar les brille en las pupilas
y les rompa de angustias la cadena.

Mi cantar no es de pilas
y en FM no se sintoniza
mi cantar es de versos retahílas.

Los oyen en la brisa
los sordos enojados con el mar
que sueñan de sirenas la sonrisa

y Ulises no los tiene que amarrar.
De seguro su arte liberará a otros de sus penas.

Saludos
 

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