Chepeleon Arguello
Poeta veterano en el Portal
Meditando la nada
en tu silencio
Nada,
porque entre la miseria de tu verdad y la mía
puedo dibujar un círculo de caricias extrañas
y en medio de ese círculo
trazar con mi lengua en tus pechos erectos
una recta de silencio que nos divida certeramente.
Y entre punto, círculo y recta
acomodar con mis propias manos, a un lado
las estrellas y los excitados amaneceres
el sol en la mirada secuestrada de los hijos que soñamos
la luna de la noche pausada que presentimos
y dejar mi Universo
sin sol,
luna y
estrellas.
Y verlo así, en tus pezones de hiel
para presentir en mi rostro de barro trasnochado
el dolor de tu ausencia, la oscuridad vacía
espejismo puritano que se transfigura
para proyectar en tus ojos oscuros, sin ilusiones
el abrazo disfrazado, la espera mágica de una mañana
sedienta de nostalgias que no amerita
un minuto o un segundo
de tu realidad mucho menos de la mía.
Porque yo, tonto yo,
enamorado del caos de tus cabellos
cansado estoy de soñar en la punta de mi realidad
teniendo como base absoluta la ilógica y la dualidad
de esta indiferencia desinfectada de verdades
que se filtra entre los vellos de mi pecho
a gota de espera en la apertura de tu vientre
de hembra que se aferra con uñas
en la piel de la desolación
negando al susurro parafraseado
el significado de un orgasmo.
En este malabarismo de cuerpos fríos
la daga de tu silencio mudo en mis brazos
clava un certero adiós entre dientes disimulados.
Saber que gritamos descaradamente al mundo
con la voz agitada masticada por el cansancio
de la pasión alcanzada; que nos amábamos
estridentemente nos amábamos.
Sin vergüenza precoz, nos dimos sin misericordia
al llanto de las células adoloridas por el abuso
y al derroche en el licor de la pasión,
sorbiendo, lamiendo, mordisqueando
largas horas en la desnudez de la piel.
Enredados en la lengua de la locura
y con sensibilidad nunca sentida
o imitadas, caricias en cada puerto
para naufragar los sexos.
Este silencio que existe
entre tu almohada y mi almohada
es como una noche eterna en la cruel espera
sin tiempo para enredar los besos
oscuros de la pasión frondosa
y sin pulso insultante en mi virilidad.
Una agonía de esperanzas suicidas
que se escapan de entre mis dedos
habidos de tus cavidades
cuando quiero hacerte el amor
y solo encuentro la desnudez de la displicencia
en tu cuerpo y las sábanas arrugadas
por la indiferencia seca de tu frivolidad.
Fue un amor de cínicos egoístas
nos amamos a la luz de esa luz
que estuvo entre nosotros
acariciando cada pétalo de la ilusión
que nos mantenía en contacto perenne.
Te perdí, me perdiste, nos perdimos airosamente.
El grito ensordecedor de la pasión es incoloro
lame otros cuerpos dolidamente
aspira rincones prohibidos
deambula rutas sin retornos.
Nuestro amor, mi niña amante,
ha muerto
en un infinito sin luz, ni perdón.
Oscuridad, silencio, viejos amigos
nos hemos encontrado.
en tu silencio
Nada,
porque entre la miseria de tu verdad y la mía
puedo dibujar un círculo de caricias extrañas
y en medio de ese círculo
trazar con mi lengua en tus pechos erectos
una recta de silencio que nos divida certeramente.
Y entre punto, círculo y recta
acomodar con mis propias manos, a un lado
las estrellas y los excitados amaneceres
el sol en la mirada secuestrada de los hijos que soñamos
la luna de la noche pausada que presentimos
y dejar mi Universo
sin sol,
luna y
estrellas.
Y verlo así, en tus pezones de hiel
para presentir en mi rostro de barro trasnochado
el dolor de tu ausencia, la oscuridad vacía
espejismo puritano que se transfigura
para proyectar en tus ojos oscuros, sin ilusiones
el abrazo disfrazado, la espera mágica de una mañana
sedienta de nostalgias que no amerita
un minuto o un segundo
de tu realidad mucho menos de la mía.
Porque yo, tonto yo,
enamorado del caos de tus cabellos
cansado estoy de soñar en la punta de mi realidad
teniendo como base absoluta la ilógica y la dualidad
de esta indiferencia desinfectada de verdades
que se filtra entre los vellos de mi pecho
a gota de espera en la apertura de tu vientre
de hembra que se aferra con uñas
en la piel de la desolación
negando al susurro parafraseado
el significado de un orgasmo.
En este malabarismo de cuerpos fríos
la daga de tu silencio mudo en mis brazos
clava un certero adiós entre dientes disimulados.
Saber que gritamos descaradamente al mundo
con la voz agitada masticada por el cansancio
de la pasión alcanzada; que nos amábamos
estridentemente nos amábamos.
Sin vergüenza precoz, nos dimos sin misericordia
al llanto de las células adoloridas por el abuso
y al derroche en el licor de la pasión,
sorbiendo, lamiendo, mordisqueando
largas horas en la desnudez de la piel.
Enredados en la lengua de la locura
y con sensibilidad nunca sentida
o imitadas, caricias en cada puerto
para naufragar los sexos.
Este silencio que existe
entre tu almohada y mi almohada
es como una noche eterna en la cruel espera
sin tiempo para enredar los besos
oscuros de la pasión frondosa
y sin pulso insultante en mi virilidad.
Una agonía de esperanzas suicidas
que se escapan de entre mis dedos
habidos de tus cavidades
cuando quiero hacerte el amor
y solo encuentro la desnudez de la displicencia
en tu cuerpo y las sábanas arrugadas
por la indiferencia seca de tu frivolidad.
Fue un amor de cínicos egoístas
nos amamos a la luz de esa luz
que estuvo entre nosotros
acariciando cada pétalo de la ilusión
que nos mantenía en contacto perenne.
Te perdí, me perdiste, nos perdimos airosamente.
El grito ensordecedor de la pasión es incoloro
lame otros cuerpos dolidamente
aspira rincones prohibidos
deambula rutas sin retornos.
Nuestro amor, mi niña amante,
ha muerto
en un infinito sin luz, ni perdón.
Oscuridad, silencio, viejos amigos
nos hemos encontrado.
Última edición:
::