Tengo hoy como un miedo del hecho irremediable del ocaso, tengo como un pavor trémulo de romper el hechizo de luces bermejas, de pronto es como descubrir que bajo el amparo de esas últimas nubes, castamente blancas, hechas alas, reposan los últimos restos de mi ventura, retrocedo, quiero olvidar, me refugio en un poema antes de que la noche rompa la ática ánfora de mis sueños, la que guarda el ultimo resto de perfume que podría embalsamar mis solitarios deseos. Del cazador de Atardeceres
Con un rencor insólito, el sol ruge entre los cerros que se perfilan ya con el gris pálido de la noche, ruge entre la silueta de las cimas que tamizan su luz postrera como ofreciendo su blonda cabeza al beso amante de los pinos, que absortos parecen escuchar el tumulto de luces fugitivas entre el cuchicheo de los insectos bajo su follaje encubridor. No hay preámbulo alguno, la luna, como extraviada en la inmensidad azul del cielo, dibuja una sonrisa en el rictus de sus alas. (El Cazador de Atardeceres)
El viento turna la imagen de las cimas franjadas de oro con la de las nubes carmesí, dejando ver apenas unos pocos hilos perlados de luz, de un ocaso que cual un manto de topacio me invita a gozar de la calma cristalina de la tarde, tarde roja, como unos labios mordidos por la pasión, que lentamente marcan la pauta del sol que se marcha penoso, apoyándose en los brazos de los pinos. Sergio (El Cazador de Atardeceres)
Navidad, época de recordar que todos formamos parte de un todo, que todos somos hermanos y estamos unidos por lazos invisibles. No somos seres aislados, hace más de dos mil años alguien nos trajo esa lección. Que el desconocido que dio luz al espíritu de Cristo, nos encuentre siempre juntos, como ahora y por muchísimos atardeceres mas. Sergio (El Cazador de Atardeceres)