Conversación Entre SorGalim y Sergio66

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  1. Como bajo un incubo doloroso, el sol gime bajo el recuerdo del día que se apaga, un halito de sublime melancolía arrastra mis pensamientos como el viento invernal lo haría con nubes del cielo, y pasa sobre mi corazón como sobre una playa desierta. Tras un breve coloquio con los cerros, el sol parte de nuevo, en busca de otros jardines, de otros horizontes blancos, tan blancos como las primaveras gloriosas de las almas.


    Del cazador de Atardeceres
  2. POETA:
    ¡ FELIZ NAVIDAD Y QUE DIOS TE BENDIGA!

  3. La cálida brisa se torna inquieta, la pronta noche trae un aroma a madera desde la misma raíz de los pinos, el sol dibuja un halo rojo sobre las nubes que se extiende de una en otra como un fuego, solo mi silencio parece no ser completo, lo que he cayado al día lo hablo en la soledad de la tarde, solo las piedras de los montes teñidas del azafrán del ocaso son silencio absoluto, este papel será mi auditor más asequible, vertiré en el mi palabra, mi angustia, todo cuanto hace mi silencio, lo escribiré en estas notas.
    …y la luna comienza su caminar agónico desde las peñas.

    (El Cazador de Atardeceres)
  4. …y las nubes se ciernen sobre el sol como pájaros coléricos prontos a devorarlo, son sus rayos serpies de oro, sobre el rostro de un ídolo de bronce que agoniza, un rostro que parece mirar al más cruel e implacable de sus enemigos, aquel a quien nunca ha podido vencer, la noche…y el sol parece arrastrarse como en una onda acariciadora sobre la tersura de los montes, sobre el sueño hermano de los pinos, en el mismo momento en que la luna posa un camino sutil en las extremidades rojas de los techos.

    Sergio (El Cazador de Atardeceres)
  5. Navidad, época de recordar que todos formamos parte de un todo, que todos somos hermanos y estamos unidos por lazos invisibles. No somos seres aislados, hace más de dos mil años alguien nos trajo esa lección.
    Que el desconocido que dio luz al espíritu de Cristo, nos encuentre siempre juntos, como ahora y por muchísimos atardeceres mas.

    Sergio (El Cazador de Atardeceres)
  6. Un viento frio me besa la cara, y me turba, como si oyese voces venir hacia mí, desde las remotas nubes. Un último vuelo de palomas se abate sobre los pinos de las laderas como una lluvia de saetas emplumadas sobre místicos titanes, reflejando apenas en las aguas del arrollo la sombra aterciopelada de sus alas.
    El sol desapareció ya en el horizonte alto, como una bandera vencida, arriada sobre cimas escarlatas.

    Del cazador de atardeceres
  7. Y la sombra de la noche, como un beso misterioso, siento bajar temblorosa de los cielos, y toda la noche, como un vaso de su propio perfume, como una rosa blanca, me abre sus pétalos, pétalos de extrañas tinieblas a las que no temo, donde me tiembla el alma y la vida, en un nido de rayos y luceros, como si algo del paisaje penetrara en mi corazón.

    Del Cazador de Atardeceres
  8. Momentos de olvido de mi mismo, momentos en que mi pensamiento se cierne sobre horizontes que casi me parecen desconocidos, momentos en que las palomas que estaban en la sombra de los pinos agobiados por racimos de duros ocres se arrullan amorosamente, la voz de la tarde me llega más amorosa aun, con un encanto inefable cautiva mis oídos. Con mirar de infancia, de insaciable curiosidad me asombro de cuanto el ocaso me ofrece, y el adivinándolo todo, se delita voluntariamente de mi fascinación.
    La pronta noche hace eco del presentimiento cruel de esa felicidad tantas veces esperada en vano por mi y que solo la tarde sabe traerme en horas no medidas, en las que mi alma parece esforzarse por volver a algún cielo que aun no he podido olvidar.

    Del Cazador de Atardeceres
  9. Hola, lindura de poeta.

    Gracias por el detalle en mi perfil

    Dios te guarde
  10. …y la tarde es solo un pequeño coro de sangre y oro, en el interludio de la pronta noche se adivina la fatiga del espíritu de la luz que quiere escapar como un halcón ante una ventana abierta donde una luna cándida se colorea levemente de un blanco pálido en la simplicidad de su pureza, entre las coloraciones del crepúsculo, pasando sobre las nubes como un soplo de viento sobre los rosales.

    Del Cazador de atardeceres
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