Felipe Hernández
Poeta recién llegado
Olvidamos el sabor de la miel.
Están cayendo topacios,
el sol,
está llorando.
Están lloviendo esmeraldas,
el monte,
está llorando.
Olvidamos el aroma de la rosas.
Las flores están llorando,
están cayendo violetas.
Llueven diamantes de poco fulgor,
las estrellas,
están llorando.
Olvidamos el color del trigo.
Está lloviendo pétalos de margarita,
la luna,
está llorando.
Caen zafiros de un mar en agonía.
Olvidamos la forma de la piel.
Un día llegará como truenos o mañanas,
un día en que en la ventana
lluevan testamentos escarlatas,
promesas en borrasca,
y olvidemos por fin que nos convertimos en olvido.
Están cayendo topacios,
el sol,
está llorando.
Están lloviendo esmeraldas,
el monte,
está llorando.
Olvidamos el aroma de la rosas.
Las flores están llorando,
están cayendo violetas.
Llueven diamantes de poco fulgor,
las estrellas,
están llorando.
Olvidamos el color del trigo.
Está lloviendo pétalos de margarita,
la luna,
está llorando.
Caen zafiros de un mar en agonía.
Olvidamos la forma de la piel.
Un día llegará como truenos o mañanas,
un día en que en la ventana
lluevan testamentos escarlatas,
promesas en borrasca,
y olvidemos por fin que nos convertimos en olvido.