Encantando el paisaje, el verde luce,
como si fueran ojos de mil gatos,
mirando reflejada la esperanza
ataviada de un símbolo de suerte.
Ella siempre renace y ni la muerte
ha podido arrancarle sus encantos.
El otoño conspira sin fatiga,
año tras año, siempre tira vientos
azarosos, tratando de romper
su hechizo verde. Herida la serpiente,
solo queda desnuda y nada siente,
volviendo a enverdecer al siguiente año.
Después que la blancura del invierno
purifica sus ojos de serpiente,
el misterio se vuelve revelado,
y aparece la primavera verde
encendiendo en sentido figurado
el simbólico fin, del sol naciente.
german g