Más allá
Labrando caminos encontraste
al inquieto y juguetón querubín,
mostrador con índice generoso
de la pared divisoria de los mundos.
Pared infinita, dura como cascarón,
extensa como celeste bóveda que abriga astros insolentes,
y en ella, como pasquín, la historia de los elementos.
Historia fértil, azarosa, humanamente desencajada.
Contemplativamente observaste el inicio de los tiempos,
el nacer de los seres, la risa, el mar, las botas,
el llanto, la muerte, sí, viste la muerte
y absortamente, la mano de Dios.
Le ofrendaste tus mejillas, tus terrenales amores,
tus ideas, manos, temores, tu yo.
Y apareció la ranura en el inmenso cascarón,
quebrándose ruidosamente como trueno acusador.
Al otro lado,
una mujer,
que acababa de ofrendar sus mejillas, sus terrenales amores,
sus ideas, manos, temores, su yo.
Labrando caminos encontraste
al inquieto y juguetón querubín,
mostrador con índice generoso
de la pared divisoria de los mundos.
Pared infinita, dura como cascarón,
extensa como celeste bóveda que abriga astros insolentes,
y en ella, como pasquín, la historia de los elementos.
Historia fértil, azarosa, humanamente desencajada.
Contemplativamente observaste el inicio de los tiempos,
el nacer de los seres, la risa, el mar, las botas,
el llanto, la muerte, sí, viste la muerte
y absortamente, la mano de Dios.
Le ofrendaste tus mejillas, tus terrenales amores,
tus ideas, manos, temores, tu yo.
Y apareció la ranura en el inmenso cascarón,
quebrándose ruidosamente como trueno acusador.
Al otro lado,
una mujer,
que acababa de ofrendar sus mejillas, sus terrenales amores,
sus ideas, manos, temores, su yo.