Agustín Sánchez
Poeta asiduo al portal
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¿CÓMO ERA MAMÁ ?
Háblame de mamá me solicita
con acentos de miel, su voz de seda,
y mi mano su rubio pelo enreda
mientras presa en dolor mi alma palpita.
¿Era guapa, verdad? ¿Por qué no quieres
mencionarla jamás. Cómo era ella?
Y mi mente recuerda a la más bella,
la más dulce y cordial de las mujeres.
No podré contestar pues me lo impide
el sangrante rescoldo de mi herida,
un amor de verdad nunca se olvida
mas lo debo de hacer si él me lo pide.
Y le cuento que mucho lo quería,
que con él prodigaba su ternura
y en su vida, tan plena de ventura,
un cariño mayor nunca cabría.
Le aseguro, mirando su retrato,
que su boca, tan roja y tan ardiente,
disfrutaba dejándole en la frente
el mejor de sus besos, el más grato.
Procurando mi voz que no se altere
le argumento que Dios con Él la quiso
y hasta allí la llevó, al paraíso,
donde guarda un lugar a quien más quiere.
Pues es malo ese Dios, que me la quita
me responde, llorosa su protesta;
su mirada me deja sin respuesta,
es tan niño.., mi pena es infinita.
Con esfuerzo de vísceras rasgadas
en mi rostro compongo una sonrisa,
¡vamos! ponte a jugar, que tengo prisa,
y rehuyo, cobarde, sus miradas.
Sé que debo luchar pues mi deseo
es que olvide, que viva su inocencia.
Yo no habré de lograrlo. En su presencia,
en su pelo, en sus ojos, verla creo.
Y allá dentro de mí su voz me grita
que a los hijos se quiere tras la muerte.
Ella vela por él, su amor se advierte
porque un ángel guardián no necesita.
AGUSTÍN
¿CÓMO ERA MAMÁ ?
Háblame de mamá me solicita
con acentos de miel, su voz de seda,
y mi mano su rubio pelo enreda
mientras presa en dolor mi alma palpita.
¿Era guapa, verdad? ¿Por qué no quieres
mencionarla jamás. Cómo era ella?
Y mi mente recuerda a la más bella,
la más dulce y cordial de las mujeres.
No podré contestar pues me lo impide
el sangrante rescoldo de mi herida,
un amor de verdad nunca se olvida
mas lo debo de hacer si él me lo pide.
Y le cuento que mucho lo quería,
que con él prodigaba su ternura
y en su vida, tan plena de ventura,
un cariño mayor nunca cabría.
Le aseguro, mirando su retrato,
que su boca, tan roja y tan ardiente,
disfrutaba dejándole en la frente
el mejor de sus besos, el más grato.
Procurando mi voz que no se altere
le argumento que Dios con Él la quiso
y hasta allí la llevó, al paraíso,
donde guarda un lugar a quien más quiere.
Pues es malo ese Dios, que me la quita
me responde, llorosa su protesta;
su mirada me deja sin respuesta,
es tan niño.., mi pena es infinita.
Con esfuerzo de vísceras rasgadas
en mi rostro compongo una sonrisa,
¡vamos! ponte a jugar, que tengo prisa,
y rehuyo, cobarde, sus miradas.
Sé que debo luchar pues mi deseo
es que olvide, que viva su inocencia.
Yo no habré de lograrlo. En su presencia,
en su pelo, en sus ojos, verla creo.
Y allá dentro de mí su voz me grita
que a los hijos se quiere tras la muerte.
Ella vela por él, su amor se advierte
porque un ángel guardián no necesita.
AGUSTÍN