A los pequeños
A veces, devanarlos uno por uno es imposible.
No van a oponerse.
Son poemas que mato
y, de ser preciso,
antes de tirarlos a mi plato,
les arranco
yo mismo
un pedazo,
uno que me sirva
para gestar el cuerpo del próximo.
Quieto.
Luego continuamos.
Otro se está acercando.