Francisco J. Ureña-Duarte
Poeta recién llegado
No supe ser hombre para ella,
cuando ella anhelaba ser mujer.
No hay muchas palabras para eso.
El paso que no pude dar,
resultó incompresible,
los pensamientos de ángeles
que volaban y giraban sin detenerse
por cada rincón de mi mente,
en esos momentos tan nuestros,
aparecían a la par de su sueño.
El sueño estaba hecho realidad,
la esperanza de unión perfecta
había renunciado a ser esperanza
por más tiempo.
Pero fallé.
Porque me encrucijé profundamente,
en un dilema con condena de inocencia:
los mismos sueños y esperanzas,
se convertirían en destrucción y derrumbe,
de grandes sueños y esperanzas
por los que ella luchaba tanto.
cuando ella anhelaba ser mujer.
No hay muchas palabras para eso.
El paso que no pude dar,
resultó incompresible,
los pensamientos de ángeles
que volaban y giraban sin detenerse
por cada rincón de mi mente,
en esos momentos tan nuestros,
aparecían a la par de su sueño.
El sueño estaba hecho realidad,
la esperanza de unión perfecta
había renunciado a ser esperanza
por más tiempo.
Pero fallé.
Porque me encrucijé profundamente,
en un dilema con condena de inocencia:
los mismos sueños y esperanzas,
se convertirían en destrucción y derrumbe,
de grandes sueños y esperanzas
por los que ella luchaba tanto.