Luis Granados González
Poeta asiduo al portal
El vecino de enfrente
siempre está limpiando
y mi mujer dice:
ojalá se te pegue algo.
El vecino de enfrente,
el del tercero,
al otro lado de la calle,
limpia que te limpia,
las ventanas, las paredes,
el techo y los cristales.
Limpia más que una mujer,
(y eso que las mujeres limpian)
-sin ánimo de ofender-.
El vecino de enfrente
limpia hasta la fachada
con una escoba,
arriba y abajo,
se sube en una silla
para llegar más alto
hasta que un día se caiga
en su casa o a la calle
y se dé un morrazo.
No le envidio al vecino
aunque mi mujer
quiera que sea como él
o que se me pegue algo
de su obsesión por la limpieza,
por su manía a sacarle brillo a todo,
pero yo no quiero
que se me pegue nada de él,
estoy muy contento como soy.
siempre está limpiando
y mi mujer dice:
ojalá se te pegue algo.
El vecino de enfrente,
el del tercero,
al otro lado de la calle,
limpia que te limpia,
las ventanas, las paredes,
el techo y los cristales.
Limpia más que una mujer,
(y eso que las mujeres limpian)
-sin ánimo de ofender-.
El vecino de enfrente
limpia hasta la fachada
con una escoba,
arriba y abajo,
se sube en una silla
para llegar más alto
hasta que un día se caiga
en su casa o a la calle
y se dé un morrazo.
No le envidio al vecino
aunque mi mujer
quiera que sea como él
o que se me pegue algo
de su obsesión por la limpieza,
por su manía a sacarle brillo a todo,
pero yo no quiero
que se me pegue nada de él,
estoy muy contento como soy.