iadra
Poeta que considera el portal su segunda casa
I
No conozco tu piel,
ni el sabor, ni tu aroma.
Pero puedo imaginarme
color y forma.
Yo podré ser color índigo,
y tú estarás coloreado
de miradas nocturnas.
Recostados en un lecho de madreselvas
o entre cientos de amapolas.
Me sabrás a esencia de ciruela,
y cuando me tengas en tu boca,
el gusto de mi piel de chocolate
adornará las horas.
Tendremos manos por docenas,
para tocar cuerpo y alma
sin caer en las premuras.
Y luego, el olor de azucenas
perfumará tu desconocida sombra.
II
Presa del beso en tu alborada,
de tus labios traspuestos, cautiva.
De los versos de tus manos, enamorada.
A veces de tu boca altiva
surge la prosa que me tiene contenida.
Pero luego, caprichosa, acurrucada,
se enrosca para formarme tu poesía.
Y después de mantenerme sumergida
en la forma irreal de las palabras
me vuelvo letras, y formo Lascivia,
y tú serás licor que me mantenga embriagada.