Gigi
Dueña de mi vida y de mis sueños
Se sumergen en el viento las palabras,
sus esquirlas en el alma, ya no mellan la sonrisa...
Son sonoros los latidos que revisten la mirada,
en el péndulo filoso del mañana,
lloran ciegos los retratos.
Cual barranco donde se suicidan los anhelos,
viejas tretas del destino y sus piruetas,
¿Acaso mora en silencio entumecido,
el calor que se dio por perdido?
Entre congoja y respiro;
¿Se extravió lo divino?
El verbo escupiendo estertores,
aùn cuando al cielo se eximen razones,...
Deslizándose ligero como un beso inadvertido,
exhumando los lamentos que gobiernan
cada poro del cuerpo...
Mitigando con destellos, un silbido presuroso.
Oraciones sin dioses que condenen el delirio,
un sollozo encubierto en retazos de risa,
cajones repletos de ofrenda y reliquia.
Ondulan atroces las manos sin vida,
rodando y nadando en el mar del por qué.
sus esquirlas en el alma, ya no mellan la sonrisa...
Son sonoros los latidos que revisten la mirada,
en el péndulo filoso del mañana,
lloran ciegos los retratos.
Cual barranco donde se suicidan los anhelos,
viejas tretas del destino y sus piruetas,
¿Acaso mora en silencio entumecido,
el calor que se dio por perdido?
Entre congoja y respiro;
¿Se extravió lo divino?
El verbo escupiendo estertores,
aùn cuando al cielo se eximen razones,...
Deslizándose ligero como un beso inadvertido,
exhumando los lamentos que gobiernan
cada poro del cuerpo...
Mitigando con destellos, un silbido presuroso.
Oraciones sin dioses que condenen el delirio,
un sollozo encubierto en retazos de risa,
cajones repletos de ofrenda y reliquia.
Ondulan atroces las manos sin vida,
rodando y nadando en el mar del por qué.
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