Cuando nuestros enojos callan
y habla nuestra pasión,
nuestros cuerpos conversan
en un idioma que excluye razón.
Ardientes murmullos se escuchan
y lenguas, que sin decir, hablan de efusión.
Palabras mudas en nuestra piel se dibujan,
como marcas de nuestra ineludible conexión.
Si nos alejan las cóleras, nos acerca la intuición.
Nuestra plática es visceral, sin juicio se extiende.
No sabe de límites, no conoce explicación.
En este vaivén eterno, se rompe otra vez la separación.
Si es conversando que la gente se entiende,
este diálogo parece ser la solución.
y habla nuestra pasión,
nuestros cuerpos conversan
en un idioma que excluye razón.
Ardientes murmullos se escuchan
y lenguas, que sin decir, hablan de efusión.
Palabras mudas en nuestra piel se dibujan,
como marcas de nuestra ineludible conexión.
Si nos alejan las cóleras, nos acerca la intuición.
Nuestra plática es visceral, sin juicio se extiende.
No sabe de límites, no conoce explicación.
En este vaivén eterno, se rompe otra vez la separación.
Si es conversando que la gente se entiende,
este diálogo parece ser la solución.