Vianne dPraux
Poeta que considera el portal su segunda casa
III.-Pasos
La soledad se me ha impregnado en la ropa,
después de compartirla con la irrisoria suerte
en la misma cama
veintinueve años- o quizás cincuenta-
Pues el tiempo me ha maldecido
por yo haberlo ignorarlo
y él no podido controlarme
por ello;
tengo los ánimos de las eternidades
teñidos bajo los ojos,
dándome ese aspecto
que hace que la vida ría
a carcajadas de hastío
tan constantemente de mi apariencia.
Por eso soledad,
-Mi dulce soledad-
me has tomado la mano
cuando he caminado sin rumbo
hasta donde la conciencia me ha dicho
y los pasos aguantado,
ya que nunca he tenido los caminos hechos,
Y los conocidos,
me han costado
lo que poner cada piedra en su sitio
para que mi pisada le acomode.
Porque el camino lo he hecho
a punta de manos carcomidas
por la tierra amarga que levantaban
los egoístas pasos de los demás.
Pero hoy ,esa, mi misma senda
de nunca y de siempre
me ha ignorado ,
y yo la he perdido ;
en ese minuto de cuerpo eterno
que aun no sabe explicarme el reloj.
La soledad se me ha impregnado en la ropa,
después de compartirla con la irrisoria suerte
en la misma cama
veintinueve años- o quizás cincuenta-
Pues el tiempo me ha maldecido
por yo haberlo ignorarlo
y él no podido controlarme
por ello;
tengo los ánimos de las eternidades
teñidos bajo los ojos,
dándome ese aspecto
que hace que la vida ría
a carcajadas de hastío
tan constantemente de mi apariencia.
Por eso soledad,
-Mi dulce soledad-
me has tomado la mano
cuando he caminado sin rumbo
hasta donde la conciencia me ha dicho
y los pasos aguantado,
ya que nunca he tenido los caminos hechos,
Y los conocidos,
me han costado
lo que poner cada piedra en su sitio
para que mi pisada le acomode.
Porque el camino lo he hecho
a punta de manos carcomidas
por la tierra amarga que levantaban
los egoístas pasos de los demás.
Pero hoy ,esa, mi misma senda
de nunca y de siempre
me ha ignorado ,
y yo la he perdido ;
en ese minuto de cuerpo eterno
que aun no sabe explicarme el reloj.
VPx- de canción y latidos de un corazón de humo