Celebración
Un corazón se ha vestido de gala,
el otro, solemnemente se desnuda,
ambos vibran esa ansiedad muda
que romántica y excitante los cala.
Están sus cuerpos frente a frente,
Cada vez más, juega en su mente,
ese amor que los une lentamente,
y de nuevo, otra vez es diferente.
El apasionante cortejo es repetido,
reiterado con mínimas diferencias,
recorriendo ese sendero conocido,
el tacto exacerba sus conciencias.
Explorando sus rincones de placer
redescubren sus vetas inagotables,
se reconocen y disfrutan al rehacer
extremas sensaciones imborrables.
En sus sabias caricias no hay prisas
toda ella se agotó en pasadas veces,
se deslizan tranquilas, sin cortapisas
las expertas manos cual dos peces.
Los mimos que él hace en su pecho
amotinan de la sangre, los torrentes,
ella le brinda sus caricias candentes
y amantes, gozan otra vez su lecho.
Se desbordan de finura sus amores
plenos de emoción se oyen quejidos,
enamorados, se otorgan sin rubores
y esa pasión embriaga sus sentidos.
Después, mucho después, la calma,
las caricias y los besos con ternura,
una vez más se han agitado el alma
Y al otorgarse así, su amor perdura.
Cierto, su pasión no es la de antaño
pero basta para hacer su manicomio,
No importa que tengan sesenta años,
Hoy festejan cuarenta en matrimonio.
Un corazón se ha vestido de gala,
el otro, solemnemente se desnuda,
ambos vibran esa ansiedad muda
que romántica y excitante los cala.
Están sus cuerpos frente a frente,
Cada vez más, juega en su mente,
ese amor que los une lentamente,
y de nuevo, otra vez es diferente.
El apasionante cortejo es repetido,
reiterado con mínimas diferencias,
recorriendo ese sendero conocido,
el tacto exacerba sus conciencias.
Explorando sus rincones de placer
redescubren sus vetas inagotables,
se reconocen y disfrutan al rehacer
extremas sensaciones imborrables.
En sus sabias caricias no hay prisas
toda ella se agotó en pasadas veces,
se deslizan tranquilas, sin cortapisas
las expertas manos cual dos peces.
Los mimos que él hace en su pecho
amotinan de la sangre, los torrentes,
ella le brinda sus caricias candentes
y amantes, gozan otra vez su lecho.
Se desbordan de finura sus amores
plenos de emoción se oyen quejidos,
enamorados, se otorgan sin rubores
y esa pasión embriaga sus sentidos.
Después, mucho después, la calma,
las caricias y los besos con ternura,
una vez más se han agitado el alma
Y al otorgarse así, su amor perdura.
Cierto, su pasión no es la de antaño
pero basta para hacer su manicomio,
No importa que tengan sesenta años,
Hoy festejan cuarenta en matrimonio.