Arturo Vergara Godoy
Poeta asiduo al portal
Uno, dos, y tres, número de versos,
como lo sabéis.
Cuatro, cinco, seis, un juego perverso,
como lo veréis.
Métricas fragantes, ilusión perfecta.
Un alejandrino, todas las mañanas.
Una sonetina, cada atardecer.
Golpes del orfebre, que se da la maña.
Cuenta, cuenta rosas, pónle rosicler.
Tristes son y osados, todos los ingenios.
Y al aire se van, como una canción:
Toda acción un arte
que rebasa prácticas.
En el aire hay parte
abjurando técnicas.
Mas, en poesía, códices sagrados:
suya gracia hácennos validar pecados,
cuando engarza versos
harto desgraciados.
Todo por el orden, todo por la gracia.
Métricas fragantes, ilusión perfecta.
Sabemos bien que nada, como la música rimada:
aquella que suaviza
a una sinalefa
o le da candor
a la moraleja
y pone el acento
final
hablando
de amor
romantical.
como lo sabéis.
Cuatro, cinco, seis, un juego perverso,
como lo veréis.
Métricas fragantes, ilusión perfecta.
Un alejandrino, todas las mañanas.
Una sonetina, cada atardecer.
Golpes del orfebre, que se da la maña.
Cuenta, cuenta rosas, pónle rosicler.
Tristes son y osados, todos los ingenios.
Y al aire se van, como una canción:
Toda acción un arte
que rebasa prácticas.
En el aire hay parte
abjurando técnicas.
Mas, en poesía, códices sagrados:
suya gracia hácennos validar pecados,
cuando engarza versos
harto desgraciados.
Todo por el orden, todo por la gracia.
Métricas fragantes, ilusión perfecta.
Sabemos bien que nada, como la música rimada:
aquella que suaviza
a una sinalefa
o le da candor
a la moraleja
y pone el acento
final
hablando
de amor
romantical.