Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Al caminar senderos quietos,
y ver zarzas en común acuerdo con la hierba, los árboles y la lluvia es natural,
e incluso hasta lógico.
Sin embargo, ver erizados puercoespines caminar tranquilamente por una calle de ciudad,
no lo es.
Entonces, se nos ocurre pensar que los esquemas están acorralados, y entre aullidos de anciano se refugian en las cloacas para planear la contrarevolución,
a espaldas de los rebeldes.
Y si ves a un hombrecillo de piel suavemente celeste que te mira y te sonría maliciosamente desde el fondo de la alcantarilla, no dudes en sonreirle también, pues puede que sea el líder de aquellos animales feroces y erizados.
Y una palabra....
Al final del sendero, sentir que los caminos han sido cortos,
a pesar de ser eternos y amargos.
En fín, a la vuelta de la esquina podemos encontrar la sonrisa que nos hace falta, la caricia que nos ayude a seguir,
a vivir, a ser, a la vuelta de una esquina,
puede ser.
y ver zarzas en común acuerdo con la hierba, los árboles y la lluvia es natural,
e incluso hasta lógico.
Sin embargo, ver erizados puercoespines caminar tranquilamente por una calle de ciudad,
no lo es.
Entonces, se nos ocurre pensar que los esquemas están acorralados, y entre aullidos de anciano se refugian en las cloacas para planear la contrarevolución,
a espaldas de los rebeldes.
Y si ves a un hombrecillo de piel suavemente celeste que te mira y te sonría maliciosamente desde el fondo de la alcantarilla, no dudes en sonreirle también, pues puede que sea el líder de aquellos animales feroces y erizados.
Y una palabra....
Al final del sendero, sentir que los caminos han sido cortos,
a pesar de ser eternos y amargos.
En fín, a la vuelta de la esquina podemos encontrar la sonrisa que nos hace falta, la caricia que nos ayude a seguir,
a vivir, a ser, a la vuelta de una esquina,
puede ser.