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El pianista

Jaime1962

Poeta veterano y reconocido en el portal.
El pianista (nocturno al adiós)

“Tu corazón es la casa que llenaba los confines de mi mundo, más tu silueta se fundió en las sombras de la noche, dejándome tumbado sobre el césped de la vida. Ya se acerca el amanecer, más no veo su alegría porque tú no me enseñaste como dejar de querer.”

Delira de soledades el nocturno caminante.

Es apuesto y...
¡ Es tan joven, impulsivo y peligroso!
(Así piensan,
y así temen,
y así actúan,
los custodios de su amada)

Se rebela,
se inconforma,
y entre llantos alucina.

Y de la mente a sus manos,
cortas fluyen mas se alargan unas notas inclementes que evidencian el silencio que por doquiera lo envuelve.

Esta sólo,
y solo vive,
y brinda sólo.

Es estrella el caminante.

Una nube al cielo empaña y le amotina la esencia.

Las escalas se suavizan,
se armonizan,
se retuercen,
pues desgarran el recuerdo de un cariño en primavera que era casa que abarcaba los confines de su mundo.

Y le traslada un suspiro al corazón de su amada,
y habita esa primavera de las tiernas inocencias e ilusiones pasajeras.

Y la presencia se extiende con sus frescura y cariño,
robándole una sonrisa.

Más la silueta se funde,
se desvanece y se aleja por las sombras de la noche.

Y ante la forzada ausencia,
a sus manos van corriendo y en su mente se acumulan
y llegan a la existencia unas notas cristalinas que lamentan la tristeza del vacío que lo envuelve.

El piano es el instrumento que corresponde a sus manos,
que le acompaña el intento de trastocar el silencio,
con mil sonidos febriles productos del desengaño.

La noche va transcurriendo
- se desgrana sin sentirla -
los acordes van creciendo,
van formando y van tejiendo el canto de la impaciencia,
de una rebelión que agota,
que lo tumba ya cansado sobre el césped de la vida.

El piano ya está en silencio,
sin manos en el teclado.

Y llega el amanecer pletórico de alegría.
Y el músico, - ya cansado -
sobre la misma ironiza.

Aunque no enseñe la vida como dejar de querer,
cuando la noche es nublada te permite componer.
 
El pianista (nocturno al adiós)

“Tu corazón es la casa que llenaba los confines de mi mundo, más tu silueta se fundió en las sombras de la noche, dejándome tumbado sobre el césped de la vida. Ya se acerca el amanecer, más no veo su alegría porque tú no me enseñaste como dejar de querer.”

Delira de soledades el nocturno caminante.

Es apuesto y...
¡ Es tan joven, impulsivo y peligroso!
(Así piensan,
y así temen,
y así actúan,
los custodios de su amada)

Se rebela,
se inconforma,
y entre llantos alucina.

Y de la mente a sus manos,
cortas fluyen más se alargan unas notas inclementes que evidencian el silencio que por doquiera lo envuelve.

Esta sólo,
y solo vive,
y brinda sólo.

Es estrella el caminante.

Una nube al cielo empaña y le amotina la esencia.

Las escalas se suavizan,
se armonizan,
se retuercen,
pues desgarran el recuerdo de un cariño en primavera que era casa que abarcaba los confines de su mundo.

Y le traslada un suspiro al corazón de su amada,
y habita esa primavera de las tiernas inocencias e ilusiones pasajeras.

Y la presencia se extiende con sus frescura y cariño,
robándole una sonrisa.

Más la silueta se funde,
se desvanece y se aleja por las sombras de la noche.

Y ante la forzada ausencia,
a sus manos van corriendo y en su mente se acumulan
y llegan a la existencia unas notas cristalinas que lamentan la tristeza del vacío que lo envuelve.

El piano es el instrumento que corresponde a sus manos,
que le acompaña el intento de trastocar el silencio,
con mil sonidos febriles productos del desengaño.

La noche va transcurriendo
- se desgrana sin sentirla -
los acordes van creciendo,
van formando y van tejiendo el canto de la impaciencia,
de una rebelión que agota,
que lo tumba ya cansado sobre el césped de la vida.

El piano ya está en silencio,
sin manos en el teclado.

Y llega el amanecer pletórico de alegría.
Y el músico, - ya cansado -
sobre la misma ironiza.

Aunque no enseñe la vida como dejar de querer,
cuando la noche es nublada te permite componer.


Que hermosas imagenes presentas, de una vida plena de amor y de la ausencia, dolor y las ganas de seguir sintiendo con las bellas manos la armoniosa escencia del ser amado...muy bello ....recibe un beso....Tep
 
El pianista (nocturno al adiós)

“Tu corazón es la casa que llenaba los confines de mi mundo, más tu silueta se fundió en las sombras de la noche, dejándome tumbado sobre el césped de la vida. Ya se acerca el amanecer, más no veo su alegría porque tú no me enseñaste como dejar de querer.”

Delira de soledades el nocturno caminante.

Es apuesto y...
¡ Es tan joven, impulsivo y peligroso!
(Así piensan,
y así temen,
y así actúan,
los custodios de su amada)

Se rebela,
se inconforma,
y entre llantos alucina.

Y de la mente a sus manos,
cortas fluyen más se alargan unas notas inclementes que evidencian el silencio que por doquiera lo envuelve.

Esta sólo,
y solo vive,
y brinda sólo.

Es estrella el caminante.

Una nube al cielo empaña y le amotina la esencia.

Las escalas se suavizan,
se armonizan,
se retuercen,
pues desgarran el recuerdo de un cariño en primavera que era casa que abarcaba los confines de su mundo.

Y le traslada un suspiro al corazón de su amada,
y habita esa primavera de las tiernas inocencias e ilusiones pasajeras.

Y la presencia se extiende con sus frescura y cariño,
robándole una sonrisa.

Más la silueta se funde,
se desvanece y se aleja por las sombras de la noche.

Y ante la forzada ausencia,
a sus manos van corriendo y en su mente se acumulan
y llegan a la existencia unas notas cristalinas que lamentan la tristeza del vacío que lo envuelve.

El piano es el instrumento que corresponde a sus manos,
que le acompaña el intento de trastocar el silencio,
con mil sonidos febriles productos del desengaño.

La noche va transcurriendo
- se desgrana sin sentirla -
los acordes van creciendo,
van formando y van tejiendo el canto de la impaciencia,
de una rebelión que agota,
que lo tumba ya cansado sobre el césped de la vida.

El piano ya está en silencio,
sin manos en el teclado.

Y llega el amanecer pletórico de alegría.
Y el músico, - ya cansado -
sobre la misma ironiza.

Aunque no enseñe la vida como dejar de querer,
cuando la noche es nublada te permite componer.

UFFF es un agrado entrar en tus lineas y llenarse de ese mar de sentimientos e imagenes...

muy bien!!

Un abrazo

Roxana
 
Muchas gracias Roxana, la historia que cuento es real, dedicada a un amigo pianista que me conto la historia de una pieza bellísima que compuso a la que titulo Nocturno al Adiós y el poema en su esbozo genérico surgió mientras lo escuchaba y veía tocar recordando un sentimiento que vivió, mucho mas de tres décadas atras.

Un saludo.

Jaime
 
El pianista (nocturno al adiós)

“Tu corazón es la casa que llenaba los confines de mi mundo, más tu silueta se fundió en las sombras de la noche, dejándome tumbado sobre el césped de la vida. Ya se acerca el amanecer, más no veo su alegría porque tú no me enseñaste como dejar de querer.”

Delira de soledades el nocturno caminante.

Es apuesto y...
¡ Es tan joven, impulsivo y peligroso!
(Así piensan,
y así temen,
y así actúan,
los custodios de su amada)

Se rebela,
se inconforma,
y entre llantos alucina.

Y de la mente a sus manos,
cortas fluyen más se alargan unas notas inclementes que evidencian el silencio que por doquiera lo envuelve.

Esta sólo,
y solo vive,
y brinda sólo.

Es estrella el caminante.

Una nube al cielo empaña y le amotina la esencia.

Las escalas se suavizan,
se armonizan,
se retuercen,
pues desgarran el recuerdo de un cariño en primavera que era casa que abarcaba los confines de su mundo.

Y le traslada un suspiro al corazón de su amada,
y habita esa primavera de las tiernas inocencias e ilusiones pasajeras.

Y la presencia se extiende con sus frescura y cariño,
robándole una sonrisa.

Más la silueta se funde,
se desvanece y se aleja por las sombras de la noche.

Y ante la forzada ausencia,
a sus manos van corriendo y en su mente se acumulan
y llegan a la existencia unas notas cristalinas que lamentan la tristeza del vacío que lo envuelve.

El piano es el instrumento que corresponde a sus manos,
que le acompaña el intento de trastocar el silencio,
con mil sonidos febriles productos del desengaño.

La noche va transcurriendo
- se desgrana sin sentirla -
los acordes van creciendo,
van formando y van tejiendo el canto de la impaciencia,
de una rebelión que agota,
que lo tumba ya cansado sobre el césped de la vida.

El piano ya está en silencio,
sin manos en el teclado.

Y llega el amanecer pletórico de alegría.
Y el músico, - ya cansado -
sobre la misma ironiza.

Aunque no enseñe la vida como dejar de querer,
cuando la noche es nublada te permite componer.

Vaya...
Aun me estoy preguntando
¿por qué, una obra como ésta,
está sin estrellas? Ummm!
La gente no lee lo que debiera!
No hay problema! te dejo las primeras
5 estrellas, muy merecidas a esta
extraordinaria obra!
Un abrazo, Jaime!
Alberto
 
Que belleza de poema, te felicito sinceramente iba a resaltar algunos versos que me han hecho deleitarme, pero después de volverlo a leer me quedo admirada con todo el poema.
Mis estrellas
Un beso​
 
Jaime..
mi anaranjaoo amiguito..
He leído con atención cada verso.. y créeme que ha sido delicioso el recorrido.. al terminar, pensaba preguntarte si tocabas piano, si componías.. ya veo que nos cuentas la historia de alguien que lo haace.. y es que vaya.. te has metido en esa piel que acopaña las notas de la creación más íntimas.. en ese recorrido de plasmar en armonías lo más alegre y triste del sentir..
Me ha gustado muchísimo.. quisiera si no tienes inconveniente llevarmelo para leérselo a esa guitarrita que esta esperando sobre la pared..
besos enouurmes
alexa;)
 
Vaya...
Aun me estoy preguntando
¿por qué, una obra como ésta,
está sin estrellas? Ummm!
La gente no lee lo que debiera!
No hay problema! te dejo las primeras
5 estrellas, muy merecidas a esta
extraordinaria obra!
Un abrazo, Jaime!
Alberto

Gracias Mystique, fue el primer poema que presenté, no era nada conocido, ni tenía amigos como tú en este hermoso portal, la ley de la causalidad supongo, celebro que te haya gustado.

Jaime
 
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