-¿Buenas,
qué te sirvo?-
-Cualquier cosa que me ayude a recordar-contesté.
Hacía media hora la muerte
se había sentado a mi lado.
Como una prima lejana
que no has visto en años.
Y que reconoces en su gesto más ajeno.
Compartimos banco.
No hubo preguntas.
Ni fue necesario
que se presentara;
en sus iniciales vi
lo que debe sentir cualquier río
cuando llega al mar.
A poco llegó el mesero
con un vino que era espeso,
turbio, contestatario.
Color jacarandá marchito.
Fatigado por el otoño.
Temí despertar su denso perfume.
La botella no llevaba etiqueta
ni distintivo.
-¿Cómo se llama?- pregunté
-Gangrenas de Balzac- me dijo.
qué te sirvo?-
-Cualquier cosa que me ayude a recordar-contesté.
Hacía media hora la muerte
se había sentado a mi lado.
Como una prima lejana
que no has visto en años.
Y que reconoces en su gesto más ajeno.
Compartimos banco.
No hubo preguntas.
Ni fue necesario
que se presentara;
en sus iniciales vi
lo que debe sentir cualquier río
cuando llega al mar.
A poco llegó el mesero
con un vino que era espeso,
turbio, contestatario.
Color jacarandá marchito.
Fatigado por el otoño.
Temí despertar su denso perfume.
La botella no llevaba etiqueta
ni distintivo.
-¿Cómo se llama?- pregunté
-Gangrenas de Balzac- me dijo.
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