Ziler
Poeta recién llegado
Sentí tanto amor en tus brazos al ver que nada se decapitaba: ni mis letras, ni tus ojos, ni tu boca; apenas una lumbre de deseos, ese placer acerbo que terminó por manchar la escritura de este detrito.
Acompañando a este imberbe caballero a recuperar su armadura deshilada, te embriagaste de mi soledad con un ginebra sin horario; mientras yo, cual Rey Arturo, aguardaba la traición más funesta del fantasma blanco que hoy me sirve esta copa sin hielo, bajo el resplandor de una Camelot que arde a mis espaldas.
Pero, ¿qué sería de ti si me desenterraras de este cenotafio sin cuerpo y palparas las cicatrices de este paladín de su libreta? Sin duda contemplarías el odio derramado por el estoque que esgrimo y, entonces, como un ocaso sin café, te alejarías para sepultar mis exequias sin nombre.
Acompañando a este imberbe caballero a recuperar su armadura deshilada, te embriagaste de mi soledad con un ginebra sin horario; mientras yo, cual Rey Arturo, aguardaba la traición más funesta del fantasma blanco que hoy me sirve esta copa sin hielo, bajo el resplandor de una Camelot que arde a mis espaldas.
Pero, ¿qué sería de ti si me desenterraras de este cenotafio sin cuerpo y palparas las cicatrices de este paladín de su libreta? Sin duda contemplarías el odio derramado por el estoque que esgrimo y, entonces, como un ocaso sin café, te alejarías para sepultar mis exequias sin nombre.