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Manual de cómo vivir la Soledad (prosa lírica al modo de una respiración que se piensa a sí misma)

Tema en 'Prosa: Filosóficos, existencialistas y/o vitales' comenzado por Jose Anibal Ortiz Lozada, 23 de Febrero de 2026 a las 11:15 PM. Respuestas: 0 | Visitas: 48

  1. Jose Anibal Ortiz Lozada

    Jose Anibal Ortiz Lozada Poeta adicto al portal

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    6 de Mayo de 2024
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    Hombre
    Primero: no le tengas miedo al cuarto cuando el cuarto aprende tu nombre.
    La soledad no es ausencia, es arquitectura.
    Tiene paredes hechas de ecos y una ventana que da a ningún lugar,
    pero desde allí se ve todo.

    Segundo: desocupa las sillas.
    La memoria intentará sentarse en cada una con su traje de domingo,
    te hablará de lo que fue, de lo que pudo,
    de esa palabra que no dijiste por miedo a que ardiera.
    Déjala hablar.
    La soledad también es un idioma que se conjuga en silencio.

    Tercero: aprende a escuchar el ruido de tu propia sangre.
    Ese tambor diminuto que insiste en que estás vivo
    aunque nadie toque la puerta.
    Hay un país entero latiendo bajo tu piel
    y nadie necesita visa para entrar.

    Cuarto: no confundas vacío con espacio.
    El vacío es una caída.
    El espacio es una invitación.
    La soledad, si la miras de frente,
    es un territorio sin mapas donde puedes volver a inventarte.

    Quinto: conversa con la sombra.
    Ella sabe más de ti que tus fotografías.
    Te ha visto quebrarte sin testigos,
    te ha visto reconstruirte con pedazos de madrugada.
    Pregúntale qué te falta
    y te responderá: nada.

    Sexto: no busques ruido para tapar el pensamiento.
    El pensamiento necesita campo abierto.
    Déjalo correr como un animal recién liberado.
    Verás que no muerde:
    solo quiere que lo reconozcas.

    Séptimo: entiende que estar solo no es estar incompleto.
    Es estar en estado original.
    Como antes del pronombre,
    como antes del nosotros,
    cuando el yo todavía no era herida sino posibilidad.

    Octavo: agradece.
    Sí, agradece.
    Porque en la soledad nadie te exige máscaras,
    nadie te pide que sonrías en plural.
    Aquí puedes llorar en singular
    y eso también es una forma de dignidad.

    Y por último:
    cuando la soledad deje de doler
    y empiece a expandirse como una luz discreta,
    sabrás que no viniste a sobrevivirla
    sino a habitarla.

    Entonces, y solo entonces,
    descubrirás que la soledad no era un cuarto cerrado,
    sino una puerta
    que siempre estuvo abierta hacia ti.
     
    #1

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