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Las ciudades que me visitaron

Tema en 'Prosa: Surrealistas' comenzado por Asklepios, 28 de Febrero de 2026 a las 3:37 PM. Respuestas: 0 | Visitas: 20

  1. Asklepios

    Asklepios Incinerando envidias

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    Me senté frente al escritorio con el fin de cumplir el plan de trabajo que me había autoimpuesto un par de semanas antes. Se me ocurriera lo que se me ocurriera, digno o no de ser tomado en consideración, debía de escribir cada día, al menos cinco folios, para así, mantener ágil mi mente, y no dejar que la creatividad se anquilosara. Después, al final de cada mes, haría una exhaustiva revisión de lo hecho, tras la que decidir conservar o desestimar aquello que, finalmente, decidiera.

    Recuerdo que aquel día, me sentía inquieto, con la sensación de tener revoloteando en mi cabeza vagas ideas de un indeterminado potencial, a las que deseaba materializar como mejor pudiera.

    Finalmente, decidí inventar el nombre de diez ciudades imaginarias y escribir sobre ellas. He aquí el resultado:

    1.-CATIGALTEA. La ciudad inesperada.

    Es ésta una ciudad sin nombre que huele a soledad, y en la que, los relojes marcan las horas sin apenas esfuerzo. Sorprende por cambiar sus dimensiones constantemente, lo que dificulta saber su verdadera extensión.

    Sus habitantes no hablan. Simplemente ofrecen un hilo de seda y esperan a que el visitante, teja la conversación en el aire. Allí siempre hace sol y son muy pocas las nubes invitadas a adornar con su presencia al imperturbable azul del cielo.

    Es lugar que jamás ha sido visto de noche, y es ésta, -se dice-, la manera que tiene de proteger su intimidad.

    Sus edificios jamás fueron construidos; fueron heredados de los sueños de los viajeros que se perdieron buscando el norte. En la actualidad, su localización continúa siendo desconocida, pero siempre dejó al viajero, con ganas de volver a encontrarse con ella.

    2.-FARMULIENTE. La ciudad de los desventurados.

    Ciudad también, en la actualidad, de localización desconocida. No figura en los mapas. Su geografía se trazó con los restos de lo que se ha perdido. Se entra en ella por un descuido, o por un suspiro demasiado largo que choca con su atmósfera pesada, densa y, sobre todo, triste, donde la esperanza es una maldición que crece entre las grietas del pavimento, y que se arranca cada mañana, para que nadie se haga ilusiones.

    Sus calles no tienen nombre, sino fechas de naufragios personales, y las casas se sostienen apenas por la fuerza de los suspiros que sus habitantes exhalan al despertar. De su arquitectura, llama la atención el hecho de que ninguna escalera llega al piso deseado, y que las puertas se abren hacia el muro de los recuerdos. En su comercio, no se utilizan monedas, sino razones para el olvido de las que nadie se quiere adueñar.

    Aquí, el sol nunca sale: se filtra como una mancha de aceite sobre el cielo color ceniza, y por las noches, los desventurados salen a sus balcones para escuchar el eco de sus propios pasos perdidos, convencidos de que su suerte, finalmente, se cansará de huir.

    El correo, cuando llega, llega sin remitente, y lleno de disculpas que aterrizan años después.

    3.-PULMESIA. La ciudad hermosa.

    Sus calles parecen haberse soñado a sí mismas durante una noche de verano, en la que decidieron amanecer intactas, y en las que los puentes, en vez de cruzar ríos, cruzan estados de ánimo de la mejor predisposición vital.

    Aquí, el tiempo nunca se mide en minutos o segundos; se mide según caiga la luz sobre las fachadas de pulido alabastro de las casas, que sólo reflejan la mejor versión de quien las mira.

    En sus plazas, el silencio descansa sobre su perfecta acústica mientras, con él, acaricia a las flores de los jardines que, agradecidas, no dejan de cambiar de color.

    Aunque en Pulmesia, todo parezca perfecto, no lo es. Sus habitantes, si pudieran, lo cambiarían todo, a cambio de poder recordar que están vivos.

    4.-TILARNASI. La ciudad siempre lejana.

    Dicen que la ciudad está poblada por quienes se rindieron a mitad del camino, aunque no viven en su interior sino en la idea de llegar. Es una metrópolis de perpetua víspera, donde el tiempo nunca corre, porque el destino nunca se alcanza. Quien intenta alcanzarla con el corazón lleno de certezas, la pierde de vista. Solo los que caminan sin rumbo, mirando de reojo, logran ver el humo de sus chimeneas, recordándoles que lo más hermoso es, precisamente, aquello que no se puede tocar.

    No se rige por mapas esta ciudad, sino por la fatiga del viajero. La distancia es como un organismo vivo que respira al mismo ritmo que el viajero.

    Desearía tanto poder llegar a visitar esta ciudad…

    5.-PERSILEGA. La ciudad suspendida.

    Ciudad que nació suspendida en el espacio, llegando a ser una de las urbes más independientes, al no depender en absoluto de nada de su exterior. Se gusta a diario, y cuida del vacío y de no perder el brillo de sus calles.

    Es ciudad que desconoce el concepto de peso, al no descansar sobre nada, aunque… quizás puedan descansar sobre el vértigo.

    Es hecho excepcional que la niebla no acabe derramándose por sus contornos, permaneciendo y así desdibujar sus espacios.

    Sus habitantes saben que pertenecen al cielo, y que vivir así es aprender a volar sin necesidad de aprender a despegar.

    6.- CERPIRUNTE. La ciudad cerrada.

    Nadie la conoce por dentro y sus calles no tienen nombre, al igual que sus habitantes que desconocen, entre muchas otras cosas, qué es el viento, y para qué sirve.

    No gustan de la intemperie, pero tampoco se sienten prisioneros. Y dicen sentirse orgullosos de disfrutar de una gran libertad, aunque su libertad ni empieza ni acaba; no tiene ni principio ni fin. Es la suya una libertad que no existe, por lo que su orgullo lo usan en algo que no es.

    Todo es en ella horizonte, horizonte siempre cercano, pero también, siempre, imposible de apresar. Además, es muy difícil perderse en ellos

    Es ciudad que no se expande, tan sólo puede plegarse sobre sí misma, por lo que son muy escasos los espacios vacíos.

    Son sus habitantes poco amigos de la conversación, pues saben que el sonido que producen al hablar es casi imposible que sea totalmente silenciado.

    Allí todo el mundo vive cada día de los recuerdos de la jornada anterior en un bucle tan perfecto que, a pesar de su tan inquietante y angustiosa intención, nunca llega a convertirse en nueva realidad.



    7.- TRISCIALTO. La ciudad deseada.

    Ciudad construida sobre los deseos y, cuando se camina por ella, no es para llegar a ninguna parte, es para ser encontrado. Sus calles no son de piedra, si no de memoria, por lo que su diseño no para de cambiar.

    Bajo los puentes de la ciudad, transcurren cauces de dudas que el viajero, al cruzarlos, deja atrás las preguntas que los atraviesan, y esto deja al visitante con ganas de volver a reencontrarse con ella.

    Palpitan, en la esencia de la ciudad, las promesas de lo que aún somos, junto a innumerables historias de lo que, siempre, pudo ser.

    Vivir en esta ciudad exige el arte de seguir deseándola, pero en su justa medida, ya que, si sospecha que va a ser poseída, de inmediato, se siente traicionada.

    8.- AIDEDRU. La ciudad difuminada.

    Todas sus construcciones acaban rindiéndose ante las dudas, jamás ante plano alguno. La arquitectura se convierte en sugerencia que jamás finaliza

    Cuando se camina por sus calles, uno lo hace entre suspiros y silencios fortalecidos por la niebla y la sólida memoria de sus bordes olvidados.

    9.- LAMAPRASA. La ciudad lenta.

    El tiempo en ella se fosiliza y sus gobernantes siempre son elegidos entre aquellos que sólo sepan hablar lo justo y necesario.

    La felicidad se vive como si estuviera allí instalada desde siempre, mientras el viento no deja de pasearse con pereza contagiosa


    10.- TILOPERTUA- La ciudad del agua.

    Es ciudad ondulada que tiene por horizonte su propio reflejo, donde el silencio navega con un sonido particular.

    Está repleta de naufragios suspendidos en los abismos líquidos que la sustentan, mientras esperan llegar al mar.

    Su luz está allí oxidada desde hace muchos siglos y, si llega a disolverse, se abraza muy lentamente al olvido mientras intenta que no se formen y crezcan sombras sobre su eternidad.
     
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