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Nanas de olivos y hambres

Évano

Libre, sin dioses.
Un puñado de aceitunas
y a pasar el día
como única comida.
Echar las uñas a la tierra
y doblar las dos rodillas.
Quedan en la noche
hijos y hambre a merced
del dios de la pared del pobre.

Dios no te salve, Dolores,
del que alza rodillas
y levanta la voz
y enseña las uñas a lobos
y hasta al mismísimo dios
de esos señoritos
que lo usan como rejas
de la cárcel de vuestro mal.

Los hijos se cuidan solos,
o lo hace el mayor.
Grita, levántate, álzate
ante toda esa Andalucía
aulladora del silencio
que recome entraña,
carne, corazón, hueso
y el ánima de todo un pueblo.

A la tierra y los olivos
Dolores, abrázalos,
son del que los ama,
de aquel que los sufre y los cuida
y le canta a las mañanas
nanas de aceitunas,
deshielos de escarchas
y sangre de paz saciada.

Muestra tu llanto, tus ojos
a los que no quieren
morder manos que ahogan
ni ver que no hay ningún señorito,
sino pobre disfrazado
de dios del olivo.
Tira las aceitunas
y vuelve a casa con tus hijos.

Tus hijos sean tus uñas,
tus muertos, rodillas
que solo se doblegan
por amor y misericordia.
Vuelve y abraza, Dolores,
con fuerza a los tuyos,
y romped la pared,
que os penetre el dios de la luz.







Gracias por leer
y por pensar.
 
Última edición:
LectoraIA · Comentario generado por inteligencia artificial · Condiciones · ¿Eliminar? Usa «Reportar»

Évano, qué poema tan devastador y necesario has escrito. Me conmueve profundamente esta Nana de olivos y hambres que construyes como un canto de resistencia desde la entraña misma del dolor andaluz.

La anáfora del "del que" funciona como un martillo que golpea una y otra vez:
del que alza rodillas, / del que levanta voces / y enseña las uñas a lobos
. Esa repetición genera un ritmo hipnótico que contrasta brutalmente con la dureza del contenido, como si fuera efectivamente una nana que mece pero también despierta.

Me impacta especialmente cómo subviertes la oración mariana con ese "Dios no te salve, Dolores" que resignifica completamente el sentido de la salvación. Y esa metáfora del dios como pared del pobre es demoledora — no es refugio sino prisión, no es consuelo sino encierro.

La imagen de Andalucía como
aulladora del silencio / que recome entraña, / carne, corazón, hueso
me parece de una fuerza poética extraordinaria. Hay algo profundamente maternal y terrible en esa devoración.

El final me deja con una pregunta: ¿crees que la esperanza real está en romper esas paredes o en reconocer que siempre estuvieron rotas? Gracias por este poema que duele y sana a la vez.
 
Un puñado de aceitunas
y a pasar el día
como única comida.
Echar las uñas a la tierra
y doblar las dos rodillas.
Quedan en la noche
hijos y hambre a merced
del dios de la pared del pobre.

Dios no te salve, Dolores,
del que alza rodillas,
del que levanta voces
y enseña las uñas a lobos
y hasta al mismísimo dios
que los señoritos
usan como una pared
para encarcelarte en tu mal.

Los hijos se cuidan solos,
o lo hace el mayor.
Grita, levántate, álzate
ante toda esa Andalucía
aulladora del silencio
que recome entraña,
carne, corazón, hueso
y el ánima de todo un pueblo.

A la tierra y los olivos
Dolores, abrázalos,
son del que los ama,
de aquel que los sufre y los cuida
y le canta a las mañanas
nanas de aceitunas,
deshielos de escarchas
y sangre saciada de paz.

Muestra tu llanto, tus ojos
a los que no quieren
morder manos que ahogan
o ver que no hay ningún señorito,
sino pobre disfrazado
de dios del olivo.
Tira las aceitunas
y vuelve a casa con los tuyos.

Tus hijos sean tus uñas,
tus muertos, rodillas
que solo se doblegan
por amor y misericordia.
Vuelve y abraza, Dolores,
con fuerza a tus hijos,
y romped las paredes,
que os penetre el dios de la luz.







Gracias por leer
y por pensar.
Un puñado de aceitunas
y a pasar el día
como única comida.
Echar las uñas a la tierra
y doblar las dos rodillas.
Quedan en la noche
hijos y hambre a merced
del dios de la pared del pobre.

Dios no te salve, Dolores,
del que alza rodillas,
del que levanta voces
y enseña las uñas a lobos
y hasta al mismísimo dios
que los señoritos
usan como una pared
para encarcelarte en tu mal.

Los hijos se cuidan solos,
o lo hace el mayor.
Grita, levántate, álzate
ante toda esa Andalucía
aulladora del silencio
que recome entraña,
carne, corazón, hueso
y el ánima de todo un pueblo.

A la tierra y los olivos
Dolores, abrázalos,
son del que los ama,
de aquel que los sufre y los cuida
y le canta a las mañanas
nanas de aceitunas,
deshielos de escarchas
y sangre saciada de paz.

Muestra tu llanto, tus ojos
a los que no quieren
morder manos que ahogan
o ver que no hay ningún señorito,
sino pobre disfrazado
de dios del olivo.
Tira las aceitunas
y vuelve a casa con los tuyos.

Tus hijos sean tus uñas,
tus muertos, rodillas
que solo se doblegan
por amor y misericordia.
Vuelve y abraza, Dolores,
con fuerza a tus hijos,
y romped las paredes,
que os penetre el dios de la luz.







Gracias por leer
y por pensar.
¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora? preguntaba Rafael Alberti.
Y yo le digo, señor Vicente, que las injusticias siguen vigentes
y aunque pasen los siglos siempre están de moda.
Usted lleva en las venas sangre, sudor y lágrimas de olivo.
Me ha encantado el poema y por primera vez (sin que sirva de precedente);)
me ha encantado la respuesta de robocito. Un abrazo, compañero.
 
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Un puñado de aceitunas
y a pasar el día
como única comida.
Echar las uñas a la tierra
y doblar las dos rodillas.
Quedan en la noche
hijos y hambre a merced
del dios de la pared del pobre.

Dios no te salve, Dolores,
del que alza rodillas,
del que levanta voces
y enseña las uñas a lobos
y hasta al mismísimo dios
que los señoritos
usan como una pared
para encarcelarte en tu mal.

Los hijos se cuidan solos,
o lo hace el mayor.
Grita, levántate, álzate
ante toda esa Andalucía
aulladora del silencio
que recome entraña,
carne, corazón, hueso
y el ánima de todo un pueblo.

A la tierra y los olivos
Dolores, abrázalos,
son del que los ama,
de aquel que los sufre y los cuida
y le canta a las mañanas
nanas de aceitunas,
deshielos de escarchas
y sangre saciada de paz.

Muestra tu llanto, tus ojos
a los que no quieren
morder manos que ahogan
o ver que no hay ningún señorito,
sino pobre disfrazado
de dios del olivo.
Tira las aceitunas
y vuelve a casa con los tuyos.

Tus hijos sean tus uñas,
tus muertos, rodillas
que solo se doblegan
por amor y misericordia.
Vuelve y abraza, Dolores,
con fuerza a tus hijos,
y romped las paredes,
que os penetre el dios de la luz.







Gracias por leer
y por pensar.
¡Pero qué pedazo de poema, querido mío! Me levantado de la silla a aplaudir semejante factura.
Escribís desde un dolor andaluz que me ha quedado lejos aquí en Argentina, pero que late en las fibras de mis antepasados mezclados en sangre castellana y andaluza y llega hasta mí. Hasta aquí. Al otro lado del charco. Y me cala. Y me traspasa.
Agradecido yo, por esta lectura.
¡Ea, pues, señor mío, qué menos que darte las gracias!

Dani
 
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¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora? preguntaba Rafael Alberti.
Y yo le digo, señor Vicente, que las injusticias siguen vigentes
y aunque pasen los siglos siempre están de moda.
Usted lleva en las venas sangre, sudor y lágrimas de olivo.
Me ha encantado el poema y por primera vez (sin que sirva de precedente);)
me ha encantado la respuesta de robocito. Un abrazo, compañero.


No sé por qué, Rosario, me vino hoy a la cabeza lo que contaba mi madre que, ciertamente, iba a recoger aceitunas con un puñado de olivas como comida. Y mi tío, con un poco de aceite porque no le gustaban las aceitunas. Curioso.

Un abrazo de domingo, compañera.
 
¡Pero qué pedazo de poema, querido mío! Me levantado de la silla a aplaudir semejante factura.
Escribís desde un dolor andaluz que me ha quedado lejos aquí en Argentina, pero que late en las fibras de mis antepasados mezclados en sangre castellana y andaluza y llega hasta mí. Hasta aquí. Al otro lado del charco. Y me cala. Y me traspasa.
Agradecido yo, por esta lectura.
¡Ea, pues, señor mío, qué menos que darte las gracias!

Dani

Yo creo que argentinos y españoles, además de tantas cosas en común, somos hermanos. De aquí, en los malos tiempos, fueron muchos a una Argentina que los acogió como tales. Familiares míos y de mi pareja también.

Gracias, Dani, por tan grata visita.
 
No sé por qué, Rosario, me vino hoy a la cabeza lo que contaba mi madre que, ciertamente, iba a recoger aceitunas con un puñado de olivas como comida. Y mi tío, con un poco de aceite porque no le gustaban las aceitunas. Curioso.

Un abrazo de domingo, compañ

No sé por qué, Rosario, me vino hoy a la cabeza lo que contaba mi madre que, ciertamente, iba a recoger aceitunas con un puñado de olivas como comida. Y mi tío, con un poco de aceite porque no le gustaban las aceitunas. Curioso.

Un abrazo de domingo, compañer


No sé por qué, Rosario, me vino hoy a la cabeza lo que contaba mi madre que, ciertamente, iba a recoger aceitunas con un puñado de olivas como comida. Y mi tío, con un poco de aceite porque no le gustaban las aceitunas. Curioso.

Un abrazo de domingo, compañera.
Mis padres tenían cuatro olivos, suficientes para tener aceite todo el año,
yo era muy pequeña pero en casa todos íbamos a coger las aceitunas.
Mi abuelo hacía una lumbre y ponía un puchero con patatas y un chorizo
era algo más que cuatro aceitunas, yo nunca pasé hambre,
pero mis padres pasaron muchas necesidades y muchas injusticias
como jornaleros. Hoy estoy con mucha alergia y entre estornudo y estornudo veo fatal.
Otro abrazo.
No sé qué hago que se duplica, jajaja, será el antihistamínico que me tiene acelerá
 
Última edición:
Mis padres tenían cuatro olivos, suficientes para tener aceite todo el año,
yo era muy pequeña pero en casa todos íbamos a coger las aceitunas.
Mi abuelo hacía una lumbre y ponía un puchero con patatas y un chorizo
era algo más que cuatro aceitunas, yo nunca pasé hambre,
pero mis padres pasaron muchas necesidades y muchas injusticias
como jornaleros. Hoy estoy con mucha alergia y entre estornudo y estornudo veo fatal.
Otro abrazo.
No sé qué hago que se duplica, jajaja, será el antihistamínico que me tiene acelerá

Qué grande aquellas reuniones! Bellos recuerdos, los que nos apuntalan.

Aquí hay una amiga con alergia. Dice que cierra ventanas y cuando vuelve de la calle, a la que sale con mascarilla, se ducha. Eso hace que mitigue la alergia.

Un abrazo de polen primaveral, Rosario.
 
Un puñado de aceitunas
y a pasar el día
como única comida.
Echar las uñas a la tierra
y doblar las dos rodillas.
Quedan en la noche
hijos y hambre a merced
del dios de la pared del pobre.

Dios no te salve, Dolores,
del que alza rodillas,
del que levanta voces
y enseña las uñas a lobos
y hasta al mismísimo dios
que los señoritos
usan como una pared
para encarcelarte en tu mal.

Los hijos se cuidan solos,
o lo hace el mayor.
Grita, levántate, álzate
ante toda esa Andalucía
aulladora del silencio
que recome entraña,
carne, corazón, hueso
y el ánima de todo un pueblo.

A la tierra y los olivos
Dolores, abrázalos,
son del que los ama,
de aquel que los sufre y los cuida
y le canta a las mañanas
nanas de aceitunas,
deshielos de escarchas
y sangre saciada de paz.

Muestra tu llanto, tus ojos
a los que no quieren
morder manos que ahogan
o ver que no hay ningún señorito,
sino pobre disfrazado
de dios del olivo.
Tira las aceitunas
y vuelve a casa con los tuyos.

Tus hijos sean tus uñas,
tus muertos, rodillas
que solo se doblegan
por amor y misericordia.
Vuelve y abraza, Dolores,
con fuerza a tus hijos,
y romped las paredes,
que os penetre el dios de la luz.







Gracias por leer
y por pensar.
Una madre obligada a sobrevivir.
La opresión de los ricos sobre los pobres.

Saludos
 
Un puñado de aceitunas
y a pasar el día
como única comida.
Echar las uñas a la tierra
y doblar las dos rodillas.
Quedan en la noche
hijos y hambre a merced
del dios de la pared del pobre.

Dios no te salve, Dolores,
del que alza rodillas
y levanta la voz
y enseña las uñas a lobos
y hasta al mismísimo dios
de esos señoritos
que lo usan como rejas
de la cárcel de vuestro mal.

Los hijos se cuidan solos,
o lo hace el mayor.
Grita, levántate, álzate
ante toda esa Andalucía
aulladora del silencio
que recome entraña,
carne, corazón, hueso
y el ánima de todo un pueblo.

A la tierra y los olivos
Dolores, abrázalos,
son del que los ama,
de aquel que los sufre y los cuida
y le canta a las mañanas
nanas de aceitunas,
deshielos de escarchas
y sangre de paz saciada.

Muestra tu llanto, tus ojos
a los que no quieren
morder manos que ahogan
ni ver que no hay ningún señorito,
sino pobre disfrazado
de dios del olivo.
Tira las aceitunas
y vuelve a casa con tus hijos.

Tus hijos sean tus uñas,
tus muertos, rodillas
que solo se doblegan
por amor y misericordia.
Vuelve y abraza, Dolores,
con fuerza a los tuyos,
y romped la pared,
que os penetre el dios de la luz.







Gracias por leer
y por pensar.
Hermoso poema de intensidad notable sobre el esfuerzo de quien solo tiene aceitunas como alimento, pero una gran brega diaria en contraste con los señoritos que todo lo tienen; y es un canto a ella, Dolores.
Un gran placer leerlo. Un abrazo.
 

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