Cuando llega el día de dar el adiós
más profundo y triste de la vida,
es como despedirse del propio corazón,
sabiendo que ya no latirá en tu pecho.
Una parte del mundo se apaga entre sombras,
mientras el alma se quiebra en silencio;
y aquellos sueños que juntos se soñaron
no alcanzarán a ver la luz del sol.
Pero en el fondo del abismo al que se cae,
una luz despierta desde dentro,
y te toma suavemente de regreso
a un mundo que comienza a renacer.
El adiós más doloroso
es también la destrucción más honda:
demuele el viejo edificio
para que uno nuevo se eleve hacia la luz.
más profundo y triste de la vida,
es como despedirse del propio corazón,
sabiendo que ya no latirá en tu pecho.
Una parte del mundo se apaga entre sombras,
mientras el alma se quiebra en silencio;
y aquellos sueños que juntos se soñaron
no alcanzarán a ver la luz del sol.
Pero en el fondo del abismo al que se cae,
una luz despierta desde dentro,
y te toma suavemente de regreso
a un mundo que comienza a renacer.
El adiós más doloroso
es también la destrucción más honda:
demuele el viejo edificio
para que uno nuevo se eleve hacia la luz.