lo poco que tuvimos

jose villa

Poeta que considera el portal su segunda casa
-


yo sólo quería coger

coger y tomar alcohol

pasarme los días tirado en el sillón de la sala

oyendo en el reproductor durante horas

mi compact disc pirata con las más perronas de juan gabriel

-que incluía el concierto en vivo en bellas artes-

o tirado en la cama viendo porno y películas de van dam, stalone y chuk norris

y los soporíferos partidos de mierda de la pedorra liga mexicana de futbol



yo no pedía gran cosa de la puta vida, la verdad:

que beti me la chupara, unos vasos de whisky al día

oír al maricón de juanga, ver la tele

y dejar correr las horas remoloneando por el depa

esperando que me llegara la inspiración y se me ocurriera un argumento

para ponerme a escribir el bestseler que nos sacaría de pobres,

demostraría a sus parientes lo equivocados que estaban

al tacharme de ser un huevón mantenido que se aprovechaba de la pobre beti,

y me encumbraría a la cima de la gloria literaria



y lo cierto es que las cosas no marchaban nada mal

me pasaba alcoholizado todo el tiempo

le metía el rabo a beti mañana, tarde y noche

disponía de cantidades industriales de tiempo libre

para pensar en los libros que más adelante escribiría

y mi cuerpo y mi mente se hallaban en perfecta sintonía

con la frecuencia luminosa de las vibraciones cósmicas

y el flujo inmaterial de la corriente mística del ser

o una mamada parecida



hasta que beti se hartó de aquella vida



aún hoy me sigo preguntando

cómo tuvo la osadía de llegar a dar ese paso

destruir la hermosa relación que teníamos

borrar de un plumazo el brillante futuro que nos aguardaba

las giras por europa promocionando mi bestseler

los paseos en yate por el mediterráneo

buscando nuevos escenarios para mis subsecuentes novelas

la cabaña en los alpes donde nos refugiaríamos del asedio de la prensa

para tomar vino tinto y hablar de nuestras cosas junto al fuego de la chimenea

mientras la nieve cubría la tierra con su blanco manto



¿qué motivos de queja tenías, maldita mujer ingrata?

¿acaso no te dejaba chupármela cada vez que se te antojaba una verga?

¿acaso no te comía el chocho y te ensartaba cuando tú querías

y no me quejaba si te daba por meterme un dedo por el culo?

¿acaso no permitía que trabajaras en lo que tú quisieras

ya fuese limpiando casas, sirviendo tragos en algún congal

atendiendo a gringos octogenarios jubilados

-ni siquiera te reclamaba porque los masturbaras para sacarte un dinerito extra-

o colocando latas en los anaqueles del walmart?

¿acaso no anteponía tu salud y tu bienestar personal a los míos

acabándome toda la cerveza y el whisky que había en el depa

para que tú no tuvieras que hacerlo?



¿y no te aguantaba las jaquecas, los periodos, los brotes sicóticos

sin decirte nada, pero siempre a tu lado?

¿y no te compré un consolador de segunda mano en el tianguis

para que pudieras autogratificarte mientras yo veía las finales de mierda

de la pedorra liga mexicana de futbol?



bueno, pues nada de eso le impidió largarse

mi nobleza, mi simpatía, mi comprensión

mi verga de burro siempre dispuesta a complacerla

-excepto cuando había partido de las chivas o del cruz azul-

que le comiera el chocho siempre que me lo pedía

-aunque el tufo a sardina me mareara a veces más que tres putos vasos de whisky-

que le diera masaje en las plantas de los pies cuando llegaba medio muerta

después de un turno de 10 horas en la cantina

que le hiciera piojitos en la cabeza para que le diera sueño más rápido



nada de eso influyó para disuadirla de abandonarme

una mañana temprano simplemente agarró sus cosas

echó todo en un par de bolsas y enfiló hacia la puerta

gritó "ahí te dejo con tus putos sueños de borracho marihuano,

cabrón pendejo inútil, bueno para nada"

y dio el portazo y nunca más volví a verla



luego supe que estaba en canadá

que vivía con un polaco cincuentón que le daba al trago

que de vez en cuando el polaco le metía unas verguizas de campeonato

hasta que una noche, más o menos tres años después de dejarme

el polaco, pasado de copas y puesto hasta el culo de coca

la terminó mandando con san pedro



siempre que escribo un poema acerca de beti

me cuesta mucho hallar la forma de terminarlo

quisiera escribir que ella sigue en algún lado

ya vieja, quizás, pero con su optimismo intacto

viviendo con algún tipo que la quiere y la consiente

dueña de una hermosa casa, tal vez a orillas del mar

tal vez en medio de un bucólico paisaje boscoso



o que volvió a méxico hace algunos años

y ahora vive en la vieja casa que su madre le heredó;

que a veces quedamos en algún café del malecón

para tomarnos un trago y recordar aquellos perfectos días

en que no fuimos felices ni tuvimos una historia de amor que te cagas

pero lo poco que teníamos era mucho más que lo que tenemos ahora

-ella, nada; yo, poco más que eso-



la muerte no existe, dicen algunos iluminados

sólo cambiamos de plano, de frecuencia

de vibración energética que fluye

en la corriente mística del ser:

beti, por tanto, es ahora

un árbol en alguna pradera en canadá

una piedra, un riachuelo, una nube, ve tú a saber;

yo sigo emborrachándome con juan gabriel, envejeciendo, pensando

que mis grandiosos proyectos literarios

quedaron reducidos a escribir de vez en cuando

un poemita de mierda como este


que no salí de pobre, que no demostré nada

ni a los parientes de beti ni al mundo ni a nadie;

que sin embargo cogí lo suficiente, me metí en el cuerpo todo el alcohol que pude



y me pasé toda la puta vida haciéndome pendejo






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yo sólo quería coger

coger y tomar alcohol

pasarme los días tirado en el sillón de la sala

oyendo en el reproductor durante horas

mi compact disc pirata con las más perronas de juan gabriel

-que incluía el concierto en vivo en bellas artes-

o tirado en la cama viendo porno y películas de van dam, stalone y chuk norris

y los soporíferos partidos de mierda de la pedorra liga mexicana de futbol



yo no pedía gran cosa de la puta vida, la verdad:

que beti me la chupara, unos vasos de whisky al día

oír al maricón de juanga, ver la tele

y dejar correr las horas remoloneando por el depa

esperando que me llegara la inspiración y se me ocurriera un argumento

para ponerme a escribir el bestseler que nos sacaría de pobres,

demostraría a sus parientes lo equivocados que estaban

al tacharme de ser un huevón mantenido que se aprovechaba de la pobre beti,

y me encumbraría a la cima de la gloria literaria



y lo cierto es que las cosas no marchaban nada mal

me pasaba alcoholizado todo el tiempo

le metía el rabo a beti mañana, tarde y noche

disponía de cantidades industriales de tiempo libre

para pensar en los libros que más adelante escribiría

y mi cuerpo y mi mente se hallaban en perfecta sintonía

con la frecuencia luminosa de las vibraciones cósmicas

y el flujo inmaterial de la corriente mística del ser

o una mamada parecida



hasta que beti se hartó de aquella vida



aún hoy me sigo preguntando

cómo tuvo la osadía de llegar a dar ese paso

destruir la hermosa relación que teníamos

borrar de un plumazo el brillante futuro que nos aguardaba

las giras por europa promocionando mi bestseler

los paseos en yate por el mediterráneo

buscando nuevos escenarios para mis subsecuentes novelas

la cabaña en los alpes donde nos refugiaríamos del asedio de la prensa

para tomar vino tinto y hablar de nuestras cosas junto al fuego de la chimenea

mientras la nieve cubría la tierra con su blanco manto



¿qué motivos de queja tenías, maldita mujer ingrata?

¿acaso no te dejaba chupármela cada vez que se te antojaba una verga?

¿acaso no te comía el chocho y te ensartaba cuando tú querías

y no me quejaba si te daba por meterme un dedo por el culo?

¿acaso no permitía que trabajaras en lo que tú quisieras

ya fuese limpiando casas, sirviendo tragos en algún congal

atendiendo a gringos octogenarios jubilados

-ni siquiera te reclamaba porque los masturbaras para sacarte un dinerito extra-

o colocando latas en los anaqueles del walmart?

¿acaso no anteponía tu salud y tu bienestar personal a los míos

acabándome toda la cerveza y el whisky que había en el depa

para que tú no tuvieras que hacerlo?



¿y no te aguantaba las jaquecas, los periodos, los brotes sicóticos

sin decirte nada, pero siempre a tu lado?

¿y no te compré un consolador de segunda mano en el tianguis

para que pudieras autogratificarte mientras yo veía las finales de mierda

de la pedorra liga mexicana de futbol?



bueno, pues nada de eso le impidió largarse

mi nobleza, mi simpatía, mi comprensión

mi verga de burro siempre dispuesta a complacerla

-excepto cuando había partido de las chivas o del cruz azul-

que le comiera el chocho siempre que me lo pedía

-aunque el tufo a sardina me mareara a veces más que tres putos vasos de whisky-

que le diera masaje en las plantas de los pies cuando llegaba medio muerta

después de un turno de 10 horas en la cantina

que le hiciera piojitos en la cabeza para que le diera sueño más rápido



nada de eso influyó para disuadirla de abandonarme

una mañana temprano simplemente agarró sus cosas

echó todo en un par de bolsas y enfiló hacia la puerta

gritó "ahí te dejo con tus putos sueños de borracho marihuano,

cabrón pendejo inútil, bueno para nada"

y dio el portazo y nunca más volví a verla



luego supe que estaba en canadá

que vivía con un polaco cincuentón que le daba al trago

que de vez en cuando el polaco le metía unas verguizas de campeonato

hasta que una noche, más o menos tres años después de dejarme

el polaco, pasado de copas y puesto hasta el culo de coca

la terminó mandando con san pedro



siempre que escribo un poema acerca de beti

me cuesta mucho hallar la forma de terminarlo

quisiera escribir que ella sigue en algún lado

ya vieja, quizás, pero con su optimismo intacto

viviendo con algún tipo que la quiere y la consiente

dueña de una hermosa casa, tal vez a orillas del mar

tal vez en medio de un bucólico paisaje boscoso



o que volvió a méxico hace algunos años

y ahora vive en la vieja casa que su madre le heredó;

que a veces quedamos en algún café del malecón

para tomarnos un trago y recordar aquellos perfectos días

en que no fuimos felices ni tuvimos una historia de amor que te cagas

pero lo poco que teníamos era mucho más que lo que tenemos ahora

-ella, nada; yo, poco más que eso-



la muerte no existe, dicen algunos iluminados

sólo cambiamos de plano, de frecuencia

de vibración energética que fluye

en la corriente mística del ser:

beti, por tanto, es ahora

un árbol en alguna pradera en canadá

una piedra, un riachuelo, una nube, ve tú a saber;

yo sigo emborrachándome con juan gabriel, envejeciendo, pensando

que mis grandiosos proyectos literarios

quedaron reducidos a escribir de vez en cuando

un poemita de mierda como este


que no salí de pobre, que no demostré nada

ni a los parientes de beti ni al mundo ni a nadie;

que sin embargo cogí lo suficiente, me metí en el cuerpo todo el alcohol que pude



y me pasé toda la puta vida haciéndome pendejo






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Quien posea una vida de vagancia, alcoholismo y aspiraciones literarias frustradas, no se hasta que punto sea envidiable, pero a veces se necesita.

Saludos
 
Quien posea una vida de vagancia, alcoholismo y aspiraciones literarias frustradas, no se hasta que punto sea envidiable, pero a veces se necesita.

Saludos
Tu comentario Alde es bastante acertado.
Una narrativa te muestra, mientras otras formas de comunicación buscan señalar una decisión, y mientras que las más elaboradas te imponen una decisión oculta.

Es necesario oír otras voces sin perder jamás la visión crítica entre contenidos y objetivos.

Es lo que ayuda a diferenciar una narración de un discurso político.
Y más cuando un gobierno está tan desacreditado que sus seguidores recurren a atacar a otros para distraer la realidad local.


Saludos cordiales.
 
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