Invasión.
Hasta donde alcanza mi absurda mirada,
inconclusa, matizada de nebulosos grises,
pude ver ciudades, cielos, montes grises,
rodeados de su triste aureola inacabada.
Resulta obvio, para fundirnos cambiamos,
no sé como sucede más nos enamoramos,
iniciábamos idealizando y sí, nos amamos,
más no valuamos cuanto nos modificamos.
Distintos cuanto únicos, entre sí atrayentes,
en lo singular sublimes y a veces inmundos,
fuimos escapistas de dos solitarios mundos
e imaginábamos crear otro para dos gentes.
Si bien existía respeto para la cohabitación,
con el tiempo fue tanto lo que nos influimos,
que cedimos la individualidad por la pasión,
abdicamos y sin más piedad nos invadimos.
Esa sinrazón que a nuestra realidad perdió,
la creamos juntos, nunca fue independiente
y así, nuestra hechura no resultó suficiente,
era terrible para vivirla, al compartirla ardió.
Lo distinto está aquí, hoy ya no te percibo,
estoy sólo, no siento tu ser invadiéndome,
huiste de la alcoba de mi fe sin dar recibo,
sin besos, sin un adiós, sólo eludiéndome.
Te pido perdón hoy por no haber dispuesto,
con el esfuerzo requerido y decidido gesto,
de aquel tiempo que pedías para concretar,
el lugar que a la vida del otro debíamos dar.
Pido perdón por llamadas, caricias y besos,
y por todas aquéllas cosas que nos faltaron
y aunque es obvio que vivía para tus besos,
te pido también lo des por las que sobraron.
Pienso que si hubiéramos sido más amigos,
quizá, si hubiéramos sido más vehementes,
o si sólo hubiéramos sido algo transigentes,
habría huido la sensación de estar cautivos.
Pero el si hubiéramos, es oración maldita,
que encubre errores y define lo inexistente,
que reiteras para eludir el fondo de la cuita,
que, de hecho, cuantifica lo que arrepiente.
Repetirla, es ocultar que huyó la confianza,
que no quisimos entregarnos sin garantías,
que nuestro egoísmo invalidó toda fianza
y finalizó el amor como acaban las utopías.
Reiterarla, es vivir eso que se fue muriendo,
que sin pesar fue partiendo nuestra unidad,
porque no supimos enfrentar la adversidad
el amor entre rencores acabó palideciendo.
No intento rehusar nuestra travesía errada,
pretendo olvidar y aprender de mis errores,
aquellos que redujeron este amor a nada
repintando la dicha con tristes sinsabores.
Por eso hoy ya no quiero decir si hubiera,
tampoco tamizar esta angustiosa realidad,
para borrarla, comprender su mal quisiera,
voy al futuro e intento olvidar la fatalidad.
Hasta donde alcanza mi absurda mirada,
inconclusa, matizada de nebulosos grises,
pude ver ciudades, cielos, montes grises,
rodeados de su triste aureola inacabada.
Resulta obvio, para fundirnos cambiamos,
no sé como sucede más nos enamoramos,
iniciábamos idealizando y sí, nos amamos,
más no valuamos cuanto nos modificamos.
Distintos cuanto únicos, entre sí atrayentes,
en lo singular sublimes y a veces inmundos,
fuimos escapistas de dos solitarios mundos
e imaginábamos crear otro para dos gentes.
Si bien existía respeto para la cohabitación,
con el tiempo fue tanto lo que nos influimos,
que cedimos la individualidad por la pasión,
abdicamos y sin más piedad nos invadimos.
Esa sinrazón que a nuestra realidad perdió,
la creamos juntos, nunca fue independiente
y así, nuestra hechura no resultó suficiente,
era terrible para vivirla, al compartirla ardió.
Lo distinto está aquí, hoy ya no te percibo,
estoy sólo, no siento tu ser invadiéndome,
huiste de la alcoba de mi fe sin dar recibo,
sin besos, sin un adiós, sólo eludiéndome.
Te pido perdón hoy por no haber dispuesto,
con el esfuerzo requerido y decidido gesto,
de aquel tiempo que pedías para concretar,
el lugar que a la vida del otro debíamos dar.
Pido perdón por llamadas, caricias y besos,
y por todas aquéllas cosas que nos faltaron
y aunque es obvio que vivía para tus besos,
te pido también lo des por las que sobraron.
Pienso que si hubiéramos sido más amigos,
quizá, si hubiéramos sido más vehementes,
o si sólo hubiéramos sido algo transigentes,
habría huido la sensación de estar cautivos.
Pero el si hubiéramos, es oración maldita,
que encubre errores y define lo inexistente,
que reiteras para eludir el fondo de la cuita,
que, de hecho, cuantifica lo que arrepiente.
Repetirla, es ocultar que huyó la confianza,
que no quisimos entregarnos sin garantías,
que nuestro egoísmo invalidó toda fianza
y finalizó el amor como acaban las utopías.
Reiterarla, es vivir eso que se fue muriendo,
que sin pesar fue partiendo nuestra unidad,
porque no supimos enfrentar la adversidad
el amor entre rencores acabó palideciendo.
No intento rehusar nuestra travesía errada,
pretendo olvidar y aprender de mis errores,
aquellos que redujeron este amor a nada
repintando la dicha con tristes sinsabores.
Por eso hoy ya no quiero decir si hubiera,
tampoco tamizar esta angustiosa realidad,
para borrarla, comprender su mal quisiera,
voy al futuro e intento olvidar la fatalidad.